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Editorial

El momento de quitarse las mascarillas también en interiores

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La mascarilla en interiores dejará de ser obligatoria a partir del miércoles 20 de abril, justo después de Semana Santa. Su uso ya sólo será necesario en el transporte público y los centros sociosanitarios, como hospitales, centros de salud o residencias de mayores. Este nuevo paso, adelantado por la ministra de Sanidad, nos acerca un poco más a la normalidad tras más de dos años de restricciones personales y colectivas para luchar contra la pandemia del coronavirus. No hay consenso entre las comunidades autónomas, ni siquiera en la comunidad científica, pero aún así es momento de mirar hacia adelante y volver a retomar los proyectos personales y las actividad 'normal', aunque con precaución y prudencia porque la covid-19 no ha desaparecido.

Habrá que esperar a conocer la letra pequeña del acuerdo que adopte el Consejo de Ministros el próximo 19 de abril. El último informe de la ponencia de alertas, formada por expertos del Ministerio de Sanidad y de las comunidades autónomas, sobre planes de preparación y respuesta sobre el uso de mascarillas en el interior destaca que solo sea obligatoria cuando se viaja en transporte público y para trabajadores y visitantes de centros asistenciales o sociosanitarios. No obstante, aparte de las situaciones donde la mascarilla siga siendo una exigencia, habrá que concretar cuándo se recomienda su uso y, por supuesto, se tendrá que reclamar sentido común a los ciudadanos para no poner en riesgo la salud de los demás, especialmente de los más vulnerables, en lugares o eventos multitudinarios.

Más allá del debate ideológico entre formaciones políticas o incluso territorial, ya que algunas comunidades consideran que aún no ha llegado el momento, lo cierto es que no hay muchas evidencias científicas de la utilidad de las mascarillas cuando existe una distancia interpersonal mayor de metro y medio y con una situación epidemiológica tan favorable gracias a la masiva vacunación. Todo ello nos lleva al fin de las medidas restrictivas que sirvieron para contener la propagación del virus, una decisión acertada tras dos años de duros sacrificios que en muchos casos, especialmente entre los menores, han provocado problemas psicológicos, de autoestima y de otros tipos.

Colectivos de epidemiólogos, enfermeras y pacientes valoraron como adecuado el final del uso obligatorio de la mascarilla en interiores, una medida largamente esperada y que definitivamente entierra la covid como una enfermedad excepcional y nos conduce a un escenario en el que debemos convivir con el coronavirus, por lo que hay que prevenir y tomar precauciones pero sin que ello nos impida realizar las actividades habituales, tanto individual como colectivamente, que veníamos haciendo antes de marzo de 2020.