Aunque es de noche

Francisco Javier Sancho Fermín


El Año de la esperanza

15/01/2021

Estamos estrenando un año nuevo en el que se vislumbran sobrados motivos para la esperanza. Tantas veces hemos escuchado, en estos días pasados, que, gracias a los avances científicos, podemos mirar al futuro inmediato con optimismo. Y no deja de ser una fuente de alegría esa actitud que, a pesar de todo, parece ir imponiéndose en el ambiente. Es como si se despertase la mirada positiva hacia el ser humano, fuente de tantas expectativas en medio de tantas contradicciones. Sobre todo, cuando se nos presentan situaciones y actitudes que parecen relegar a un segundo término el verdadero valor del ser humano.
Algo preocupante es la capacidad alienadora de disfrazar de humanismo, de dignidad y libertad proyectos de ley que nada tienen que ver con ninguno de esos principios. Resulta contradictorio que en un momento como el actual, donde se lucha por salvaguardar la vida, especialmente de los más frágiles, se pretenda instaurar una ley de eutanasia poco reflexionada. Me sorprende que todos los ámbitos dedicados al mundo de la salud sean los que en primer lugar se oponen abiertamente a esa ley. Ciertamente, cuando se piensa en situaciones límite, fácilmente se manipula la opinión pública y se intenta desenfocar la atención llevándola al ámbito de los sentimientos.
Basta reflexionar un poco para darse cuenta que, por ejemplo, el pretendido suicidio asistido es una falacia de la libertad. ¿Cómo puedo escoger libremente una salida cuando no se me ofrece ninguna otra perspectiva? ¿Cómo puedo no desear morir cuando lo único que se me ofrece es tener que sufrir sin otra posibilidad de solución? ¿Es eso libertad? ¿o no es más que la única vía de solución al problema? ¿Acaso no hay otras soluciones? Curiosamente los médicos y sanitarios, así como todas las instituciones dedicadas a los cuidados paliativos o la atención a personas desesperadas, afirman que, en la inmensa mayoría de los casos, sí hay otras salidas. Para que una opción sea verdaderamente libre y humana, debería poder tener la posibilidad de optar por otras salidas. 
No hago esta reflexión con miras a entrar en la polémica, sino en vistas a proponer salidas que nos ayuden a posicionarnos en una vida abierta a la esperanza. No son las leyes o las mentalidades, y aun menos las ideologías las que pueden determinar cuál es la verdad. Todo ser humano es mucho más grande que eso. Y esto sí lo podemos experimentar cada día y en cada circunstancia. Y aunque tengamos puesta la esperanza en los avances de la ciencia, o en los gobiernos, o en cualquier otra institución, lo cierto es que, con todo lo positivo que estos ámbitos nos ofrecen, no son suficientes para colmar el anhelo que todos llevamos dentro.
Sí, es cierto, la vacuna podrá -y esperemos que sea lo antes posible- defendernos de este virus. Pero la lucha seguirá, porque hay otros virus más mortales y dañinos frente a los cuales la humanidad tendrá que seguir luchando y frente a los cuales las soluciones no podrán venir de estos ámbitos. ¿Quién nos defenderá del egoísmo? ¿qué vacuna puede liberarnos de la ira, del narcisismo, de la violencia, del hambre, etc…?
Este año puede ser decisivo para que recobremos y fortalezcamos la esperanza en el ser humano. La experiencia de estos meses puede ser la lección y el aliciente para convencernos de que todos somos responsables en la verdadera transformación y sanación de la humanidad. Quizás sea suficiente con que lo intentemos en nuestros pequeños círculos familiares, con nuestros conocidos y con nuestros vecinos. La solución no depende solo de la ciencia, sino de todos y cada uno. Ojalá todo esto nos ayude a ser mejores personas en todos los sentidos.