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Julio Collado

Sostiene Pereira

Julio Collado


Futurofobia y el estado de la ciudad

13/06/2022

Sostiene Pereira que, desde hace unos días, cuando sale por las mañanas al pequeño balcón que da al jardín de su calle, una punzada le sube al corazón y una nube de mal agüero le nubla la vista. Un hermoso plátano de sombra de unos 15 metros de altura ha muerto. Floreció sin fuerza en abril y poco a poco sus hojas se fueron ajando atacadas, quizás, por el oidio blanco que ya la pasada primavera le tuvo deslucido. Cerca de él, dos de sus hermanos un poco más pequeños, también muestran algunas señales de tristeza y a unos metros más allá, junto al paredón de la iglesia de Santiago, otro se ha secado excepto unos brotes que ha echado en la cara del tronco que saluda al sol. Unas obras de allanamiento para un paso de peatones deben de ser las culpables. Estos casos  no parecen sino el símbolo del estado lastimoso de una ciudad que parece no creer en el futuro. Vaya el paseante por donde vaya, recorra el barrio que recorra, siempre se llevará la sensación de un abandono, de un tiempo parado, de un feísmo que hiere. Menos mal que, desde mi ventana, puedo ver también la lozanía de una zarza y de un saúco que adornan el patio de una casucha ruinosa.
Hace unos días, los participantes en un Paseo Literario por la zona sur de la ciudad, entre Santo Tomás y el instituto José Luis López Aranguren, se alarmaron por el grado de abandono y degradación que muestran dos jardines de buen diseño en su origen: El del Camino del Cerezo y el que, como no tiene ni siquiera nombre, las gentes lo denominan el Jardín del Reloj de sol frente al Colegio Arturo Duperier. Pasear por ellos y por las calles que los rodean y sus contenedores de basura es una aventura muy desagradable. Bueno, todos los contenedores de la ciudad, excepto los que están escondidos bajo tierra, son un espectáculo desasosegante. ¿Tendrá el Ayuntamiento a alguien que, como en tiempos antiguos, haga de veedor de la ciudad? ¿Alguien enamorado de su bienestar, que controle el estado de los pájaros, de los árboles, de los alcorques, de la limpieza de sus calles y de sus aceras, de los parques infantiles, de sus paseantes mayores, de sus vecinos madrugadores hacia el tajo diario y que avise de cualquier daño a los responsables políticos? 
Cargado con esta visión triste de la ciudad, Pereira pensó si ese estado de la ciudad no era la consecuencia de la falta de empuje de sus gentes, abrumadas por el fenómeno actual llamado  Futurofobia. Una ciudad absorbida por el mantra de «es lo que hay» que acepta y se resigna en vez de rebelarse y luchar por un futuro más halagüeño. Porque el futuro existe y se conquista a diario. Convendría reflexionar sobre el particular para desenmascarar a aquellos que, partiendo de su holgada economía, exigen a los demás sacrificios presentes mientras los amedrantan con un negro futuro si no se esfuerzan. Véase, por ejemplo, la impudicia del Presidente del Banco de España recetando pensiones y salarios bajos para no poner en dificultades al Sistema  mientras él disfruta de altísimo salario y futura pensión  millonaria. Como bien saben los poderosos, el miedo es el mayor antídoto contra la acción y la libertad. Así lo explica Bernat Castany en Una filosofía del miedo: «El miedo es la némesis de nuestros días: No nos deja disfrutar del reino de este mundo, altera nuestro conocimiento, reduce nuestro placer, nos hace crueles, nos impide ser lo que hemos decidido ser y erosiona el tejido social. Lo contrario del miedo no es el coraje sino la solidaridad». 
Hubo un tiempo en el que las Utopías literarias tenían éxito y sus lectores salían de ellas con ganas de "gcomerse el mundo"h para hacerlo a imagen y semejanza de lo que aquellas reflejaban. Desde la estudiada y popular Utopía de Tomás Moro, que dio nombre al concepto, hasta Aldous Huxley, Ernest Callenbach, Ursula K. Le Guin... Hoy, empero, triunfan las distopías que, como El cuento de la criada, reflejan mundos cada vez peores. ¿Servirán para dar un aldabonazo y evitar que ese mundo previsto nunca llegue o serán lenitivo para adormecer y sucumbir a la parálisis? Esto es lo que está detrás de la palabra actual de futorofobia. Se ha definido con acierto como «miedo al futuro». Es esa sensación que hace imaginar que todo lo que está por venir va a ser peor que lo que ya se tiene y que nada de lo que pueda hacerse cambiará las cosas. ¿Para qué pelear si todas las luchas están condenadas al fracaso? Futurofobia es no tener ilusiones, es estar agotado, creer en las distopías y desconfiar de las utopías, es sustituir el deseo por el miedo, es pensar que todo tiempo pasado fue mejor; es al fin, un nihilismo paralizante. ¡Cuidado! Convendría saber que, tras el invierno siempre llega la primavera. También a Ávila. Pero, hay primaveras y primaveras porque  el futuro se escribe cada día. No lo dejes en manos de  los que sueñan en pasado.