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Gerardo L. Martín González

El cimorro

Gerardo L. Martín González


Carpetazo

14/12/2021

Así encabezaba la noticia que este periódico daba hace dos semanas (martes 30 de noviembre), al paso turístico por el cimorro de la catedral, que permitiría conectar los extremos de la muralla, caras norte y sur. Y nada mejor que recurrir al diccionario de la RAE, que define el carpetazo, en su segunda acepción: dar por terminado un asunto, generalmente conflictivo; aunque en la última revisión del mismo, lo suaviza, diciendo: dar por terminado un asunto o desistir de proseguirlo. En mi opinión, son válidas ambas acepciones en este caso.
La Comisión de expertos de Cultura ha llegado a esta conclusión, que parece dejar zanjado un tema enquistado desde hace más de veinte años, por lo que voy a hacer un poco de historia, aunque ya me he manifestado en varios artículos. Que este asunto haya tardado tantos años en resolverse, parte de equivocaciones de los proyectistas, llámense Feduchi o Moneo en el Grande. Esperemos que lo del Museo del Prado, en el palacio de los Águila, que fue residencia de la Duquesa de Valencia, generosamente donado a la ciudad, tarde menos que este tema del cimorro, y termine con carpetazo, en el sentido que sea, dejando los políticos de marear a los abulenses con tanta tomadura de pelo.
Era por entonces obispo de Ávila don Adolfo González Montes (1997-2002), y canónigo administrador del cabildo de la catedral, don Vicente Aparicio, que pasaba en la misma la mayor parte del día, gran conocedor del monumento, estando muy pendiente de lo que ocurría allí y donde, hará unos diez años, se le encontró muerto en su despacho. Coincidiendo con este periodo, actuaba en Ávila un prestigioso arquitecto, perteneciente a una familia de arquitectos, Pedro Feduchi, muy bien relacionado con la Administración. Y alcaldes que iniciaron, conocieron, estimularon o desearon el paso turístico por el cimorro, fueron todos los habidos en estos últimos veinte años, por lo que las relaciones con el Obispado eran tirantes en este punto de opiniones contrarias. Feduchi redactó el Plan Director de la Catedral (1996), y simultáneamente pergeñó un proyecto de recorrido turístico por todo el adarve de la muralla, itinerario completo, sin importarle pasar por los sótanos del Obispado, por delante de las dependencias de la Audiencia, de Hacienda, de propiedades particulares o cruzar el cimorro, como fuera. Tanto en el Plan Director de la muralla, como en el Plan Especial de Ordenación Urbana, y mas tarde, en el Plan Director de la Muralla, quedaban previstas las actuaciones en el cimorro, en tiempo y presupuesto, algunos de cuyos proyectos fueron redactados por el mismo Feduchi. Tocó en su momento la actuación en el cimorro, y las obras se fueron ejecutando, hasta que don Vicente dio la voz de alarma, pues se estaban efectuando obras que no constaban en el proyecto. El obispo montó en colera, por no haber sido informado y no dar su vºbº, que de otra forma hubiera sido negativo, por lo que se hacían obras sin que se enterase, hasta que fueran un hecho consumado. Y las obras se pararon. Y ¿cuáles eran estas, fuera de proyecto? Pues la pretensión de unir el recorrido por el adarve, con distintos niveles entre el norte y el sur, haciendo el recorrido turístico por el cuerpo volado del cimorro. Una vez pasada la puerta que existió siempre, impidiendo el paso al cimorro, entre la zona del adarve sobre la hoy calle de san Segundo, antes Albardería, se inicia otro tramo bordeando la capilla de san Segundo, que Feduchi cubrió y abrió una gran puerta para dar paso al bajo cubierta, espacio entre la armadura de la cubierta y el extradós de la cúpula de la capilla, e inició un rampa, adosada a los muros laterales, hasta llegar a un pequeño hueco, a nivel del adarve volado, hecho para la ventilación de aquel espacio, y por donde quería llevar a los turistas; ampliado este hueco hasta dejarlo como paso de personas, recorriendo este adarve volado del cimorro, estrecho, que había sido pavimentado para tal fin con baldosas, que tuvieron que ser levantadas para dejar un pavimento de piedra mas acorde con el monumento. Recorrido que terminaría en el lado norte, donde también actuó preparando otra escalera existente exterior, en mal estado, colocando incluso peldañeado de chapa lagrimada. Esta obra no solo era pirata, sino ilegal por atentar contra el propio monumento, declarado BIC en 1914, haciendo reformas prohibidas, y que podían haber sido objeto de denuncia. En el año 2006 el Cabildo de la catedral encargó sendos informes, uno al mejor conocedor de la catedral don Emilio Rodríguez Almeida, y otro de carácter arquitectónico-constructivo, al arquitecto del Obispado, como base razonada de su de oposición al paso turístico.
La resolución de los expertos de cultura, apoyando la no intervención peatonal en el cimorro, dan carpetazo al mismo. Ojalá no se «descarpete» nunca mas.