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Emilio García

Desde el mirador

Emilio García


La tutela del Estado

27/05/2022

Menos pensar en el ciudadano, los miembros del Gobierno se enredan en aquello que les pueda venir bien para ocultar sus ignominias. Pero se encuentran a gusto, muy tranquilos, porque rodeados de gánsteres se sienten unos privilegiados. Ya sabemos que el mercadeo se ha convertido en la actividad esencial del ejecutivo, quien mangonea a su antojo para obtener la rentabilidad precaria que el tiempo cobrará sin remedio.
Para ocultar tanto devaneo interesado, no está mal situar como titular mediático un asunto que suponga arremeter directamente contra la tradición española y, sobre todo, contra el ciudadano y el empresario que sostiene gran parte de la economía diaria de España.
El intervencionismo del Estado, impulsado por un Gobierno destructor, no sólo arremete contra la Educación o la vida sanitaria de los españoles, sino que pretende prohibirnos llevar una vida tranquila (como sucedió con el consumo eléctrico), negarnos los escasos placeres de la vida (lo que afecta a unos pocos hay que imponérselo a todos), eliminar la publicidad de muchos productos dulces o gaseosos y, especialmente, entrar en nuestra vida privada para impedirnos fumar en casa u organizar nuestro frigorífico.
Las estrategias impulsadas por algunos ministerios tienen claro que los ciudadanos no sabemos cuidarnos y, por ello, debemos asumir que gracias a sus directrices podremos reconducir nuestras vidas hacia un mundo saludable.
Por eso, las cortinas de humo han servido a lo largo del mandato sanchista para esquivar problemas más engorrosos que podrían generar turbulencias ambientales. Aunque los españoles han decidido no preocuparse en exceso, esperar al momento oportuno para manifestar sus intenciones.
Así las cosas, hace unas semanas asistimos al enésimo atropello del sanchismo contra los españoles. Las medidas económicas que el Gobierno ha presentado en el Congreso han superado el trámite final con el apoyo de EH-Bildu, un grupo democrático que siempre ha pensado en la unidad de España y en el bien de sus ciudadanos. Y Sánchez está tranquilo aunque haya tenido que decirle a la presidenta de la cámara que modificara la norma existente para dar entrada en la Comisión de Secretos Oficiales a los sucesores de ETA, quienes dieron su apoyo por "responsabilidad". Es decir, Sánchez ha metido al lobo entre las gallinas, de la misma manera que en su día metió a Iglesias en el CNI; o lo que es lo mismo: la Constitución vigilada por los que quieren destruir España y no respetan la carga magna.
Y para que todo sucediera sin sobresaltos lanzaron las vísperas del debate y votación una excelente cortina de humo que muy pronto aceptaron todos los medios como noticia fundamental para la sociedad española: "los menús de los bares y restaurantes dejarán de ofrecer vino o cerveza". Y, claro, el ciudadano de a pie se preguntó por qué querían prohibir este consumo. No entendía el sentido de la norma. Pero encendida la llama, pronto se propagó el sobresalto social de tal manera que hasta el propio ministerio de Sanidad tuvo que salir a desmentir que no se trataba de una prohibición, sino de una recomendación.
Así se mueven los miembros de este Gobierno. La locura de sus iniciativas solo confirman el espíritu intervencionista del mismo. Ningún ciudadano sabe a qué viene todo esto. Incrédulo asiste a un espectáculo de propuestas que solo pretenden presionar su vida diaria.
Si los políticos se centraran en no dilapidar nuestros dineros, seguro que nos iría mejor. El control político de la vida de los ciudadanos españoles solo señala a un estado totalitario, un estado que reprime las libertades de los individuos y condiciona el ejercicio político de todos aquellos que no piensen como el poder. El control total de la sociedad, la imposición ideológica como referente, transforma la vida de todos aquellos que han disfrutado de un estado de bienestar con fórmulas más liberales y conservadoras.
Hacia ahí se dirige España en manos del sanchismo, promulgando la rigidez y oportunismo de una Agenda 2030 que nos sumerge en la noche de los tiempos en la que solo podrán existir aquellos que vivan a la luz del ideario y la tutela del Estado.