"Seguridad y turismo no son excluyentes"

Redacción
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Con una estrecha vinculación con la provincia de Ávila, este doctor, residente en Glasgow (Escocia) es especialista en Enfermedades Infecciosas y desde allí aporta su visión de cómo se está afrontando la pandemia del covid-19

"Seguridad y turismo no son excluyentes"

El doctor José Vicente Fernández (A Coruña, 1978) es profesor de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Glasgow (Escocia) y especialista en Enfermedades Infecciosas en dicha localidad. Previamente ha desempeñado sus labores médicas en el Hospital Carlos III, en Madrid, donde también hubo que hacer frente a otras epidemias, como la de la gripe aviar y donde se atendió a pacientes con Ébola. Con vínculos familiares con Ávila y Las Berlanas, de donde proviene su familia paterna, conversamos con él sobre la actualidad de la pandemia del coronavirus. 
En primer lugar, ¿hemos pasado lo peor de la pandemia?
No cabe duda de que la crisis que atravesamos esta primavera ha sido la mayor crisis de salud pública que ha vivido España en décadas. Desde luego hay circunstancias que no volverán a suceder en una hipotética segunda ola de la epidemia. En primer lugar, hay un mayor conocimiento del virus, con avances muy importantes en el tratamiento, diagnóstico y gestión de los contagios. Eso es algo tremendamente importante. En segundo lugar, la situación de cuello de botella que se vivió en términos de aprovisionamiento de equipos de protección, respiradores y otro material sanitario no debería darse, ya que las cadenas de producción están adaptadas a la demanda. Y también quiero destacar que la población está más alerta y es conocedora de la situación, y eso debería ayudar. No obstante, hasta que se disponga de una vacuna, es indispensable extremar la precaución en términos de higiene y de mantener la distancia social si queremos evitar un aumento significativo de contagios. Está en nuestras manos hacer que lo peor de la pandemia haya pasado ya.
Hay mucha confusión y polémica con respecto al número de muertos por el Coronavirus. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Este es un tema muy espinoso y complejo, en España y en todas partes. Para saber con certeza el número de fallecidos por coronavirus tendríamos que hacerles una prueba diagnóstica a todas las personas hospitalizadas, o con síntomas y autopsias a todos los fallecidos, y, aun así, habría personas que falleciesen y estuviesen asintomáticas que sería complicado diagnosticar. Obviamente todos estos procedimientos no son factibles ni en España ni en ningún otro país. 
Entonces, ¿son fiables las cifras de fallecidos que se ofrecen a nivel nacional?
La clave a la hora de valorar el número de fallecidos es definir a quien consideramos como fallecido por coronavirus. En España se basa en personas fallecidas con una prueba de PCR positiva, pero en otros, también se incluyen personas con pruebas de anticuerpos positivas o aquéllas en cuyo certificado de defunción se cita el coronavirus.  En ese sentido, creo que el número real de fallecidos está entre las cifras oficiales y lo que podemos estimar a través de registros civiles, el Instituto Nacional de Estadística, servicios funerarios, etc. Así que la cifra oficial se me antoja bastante inferior a la real. Lo que desde luego no ayuda en absoluto a fomentar la confianza de la población en los datos oficiales es que los métodos de cálculo cambien con frecuencia o entre territorios, como está sucediendo en España. Pero, personalmente, me gustaría decir que no podemos deshumanizar el asunto de los fallecimientos. Cada persona fallecida ha sido una tragedia y una pérdida irreparable para sus seres queridos. La comunicación desde los organismos oficiales tendría que reflejar este aspecto. No se puede hablar de «euforia contenida» cuando siguen falleciendo personas por el coronavirus.
Ha hablado antes de las vacunas. ¿Serán eficaces y, sobre todo, cuándo estarán disponibles?
En pocas ocasiones la comunidad científica y médica ha estado tan concentrada en un único problema, como está siendo el caso de la pandemia del coronavirus. Eso está haciendo que el desarrollo de una vacuna, que ordinariamente es un proceso algo más largo, se acelere considerablemente. Es importante recordar que hay en estos momentos ya hay 6 vacunas en fase de ensayos clínicos en humanos, y que, algunas de ellas se estiman que estén disponibles a final de año o a principios de 2021. Los resultados iniciales son prometedores, y creo que podemos ser optimistas. Habrá una vacuna eficaz y segura en un plazo más corto de lo habitual. Pero perdone que insista, hasta entonces, las mejores vacunas, que ya sabemos que funcionan, son la higiene de manos, la distancia social y el sentido común. 
¿Y las mascarillas?
La mayoría de países europeos recomiendan su uso en las circunstancias en que no se pueda mantener la distancia social, que debe ser, según las indicaciones que existen actualmente, de al menos de un metro y medio. Si no es posible, es conocido que las mascarillas reducen la distancia y cantidad a la que pueden llegar las secreciones respiratorias, esas «gotitas» que emitimos al hablar y respirar, y que son el principal medio de contagio del Coronavirus. Así que, en esas circunstancias, claramente, «mascarilla, sí».
Ahora estamos viviendo un momento en el que se están detectando numerosos rebrotes en muchos lugares de España. ¿Es algo preocupante?
Hay que partir de la base de que todas las medidas que favorezcan la movilidad y el contacto de la gente, de la «desescalada», tienen un cierto riesgo de aumentar la probabilidad de contagio. Obviamente, el confinamiento permanente no es viable, y por eso hay que tomar medidas que favorezcan la normalización de nuestras vidas con un bajo riesgo de contagios. Así pues, es lógico que aparezcan brotes locales, que suelen estar relacionados con pacientes asintomáticos. Lo importante es que haya un sistema de diagnóstico rápido y de localización de contactos eficiente y que funcione, para aislar a los pacientes y sus contactos cercanos y cortar la cadena de contagios cuanto antes. Si se ponen en marcha estas medidas, el riesgo de grandes brotes será menor, indudablemente.
Por último, con el fin del estado de alarma, no hay limitaciones para los desplazamientos, e incluso el turismo se está reactivando. Dada la cercanía de con áreas con mayor número de casos como Madrid, ¿supone esto un problema para Ávila y su provincia?
Socialmente es necesario que volvamos a una situación lo más normal posible –el concepto de «nueva normalidad» me parece un tanto inadecuado– de un modo seguro. Desde una perspectiva médica, los movimientos de población no son un «peligro» añadido por sí mismos. A nivel de salud pública, si se dispone de un sistema de detección de casos y de identificación de contactos efectivo y los establecimientos turísticos se adaptan a las indicaciones de las autoridades sanitarias, el retorno del turismo puede ser seguro. Pero vuelvo a insistir en que cada uno de nosotros, seamos residentes habituales, tengamos una segunda vivienda o seamos turistas tenemos una responsabilidad muy importante en prevenir nuevos contagios. Así que creo que seguridad y turismo no son excluyentes. Y, personalmente, espero que pronto se levanten las restricciones de movimientos en Escocia (aquí la pandemia empezó más tarde y la desescalada va más despacio que en España), para poder volver a visitar un destino tan maravilloso como Ávila, con la que me unen lazos familiares.