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Francisco I. Pérez de Pablo

Doble click

Francisco I. Pérez de Pablo


Gorras al aire en la Escuela de Policía

17/05/2022

Después de dos años el próximo viernes Ávila volverá a albergar una nueva entrega de despachos a los alumnos en la Escuela de Policía. Una macro jura como antes de la pandemia donde familiares y amigos acompañarán a algo más de dos millares de nuevos funcionarios policiales que lanzarán sus gorras al aire para comenzar sus responsabilidades en los diferentes destinos, llevándose un trozo de alma abulense. 
La Escuela de Policía, más allá de su cometido formativo esencial, viene dando mucho a los diversos sectores económicos de Ávila (en días tan señalados como la jura la oferta hotelera y gastronómica abulense no cubre la demanda). No ha sido siempre así. Me refiero a que desde hace unos años las promociones de la escala básica son numerosas, pero se ha olvidado que hubo años en este siglo en que esas promociones eran mínimas (200-300 alumnos) y aunque en Ávila no somos de protestar si hubo quejas pues la Escuela no deja de ser una locomotora para el vagón que supone la economía local, incluido los rentistas. 
Ávila, además de acoger a los alumnos, acogía las pruebas de acceso de los aspirantes. Las estadísticas turísticas lo confirman. En los años anteriores a la pandemia el número de turistas crecía exponencialmente en los meses de octubre y noviembre muy por encima de los tradicionales meses de verano, hasta el punto de llegar a máximos extraordinarios. La explicación obedece a que contabilizan como turistas los aspirantes y acompañantes que acuden y pernoctan en Ávila –no menos de uno o dos días–, para realizar esas pruebas que les dieran acceso a una plaza como alumno. 
Cientos de miles de candidatos (hasta veinte veces el número de admitidos por convocatoria) acudían a Ávila incrementando el gasto por persona (taxis, comercios, gasolineras, hoteles, bares y restaurantes…). Unos ingresos en términos absolutos y en unos meses nada turísticos que suponían no cerrar al final de la temporada. La pandemia, o al menos esa ha sido la justificación alegada, modificó este escenario repartiendo, a modo de franquicia, las pruebas de acceso entre varias ciudades, dejando de hacerse exclusivamente en la sede de la Escuela en Ávila, que es donde corresponde. Este año vuelve a ver nuevos aspirantes en otoño y la pandemia está superada y normalizada por lo que todo debería volver a la tan difundida normalidad. 
Sobre esto existe un silencio sospechoso a todos los niveles. Me atrevería a afirmar que Ávila y su Escuela no va a volver a acoger en exclusiva las pruebas de acceso con el consiguiente daño económico y reputacional tanto a su Escuela como a la Capital que la acoge. El viernes los políticos y representantes locales y provinciales que acudan a la entrega de despachos deberían retomar y alzar la voz, salvo que el ministro que acuda lo anuncie, que será que no. 
Todo apunta que esta decisión se ha consolidado de manera arbitraria por la vía de los hechos como tantas otras cosas que Ávila ha venido perdiendo en su larga historia de decepciones. La Escuela es, ya, Centro Universitario, pero no puede servir de moneda de cambio que ya veremos el valor tangible que tiene. La Escuela ha corrido peligro de deslocalizarse en varios momentos y todo por congratularse los políticos con sus electorados al margen de las raíces asentadas en la ciudad amurallada. De momento eso no se ha conseguido plenamente y es que la escuela es un dulce goloso en manos de los dirigentes políticos para sus «negocios».