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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Corrupción moral

27/05/2022

La corrupción no solo consiste en hacerse de oro metiendo la mano en caja ajena, con frecuencia la caja de los dineros públicos. Existe también una corrupción moral, tan grave o más que la otra, sobre todo cuando se trata del comportamiento de un mandatario.

Las semanas últimas Pedro Sánchez ha hecho incursión importante en ese terreno. Ha vuelto a mentir en el Parlamento, aunque ya no es noticia, y hundido el prestigio de sus servicios de información e inteligencia. Ha puesto en duda su profesionalidad y complicado su trabajo incluyendo en la comisión de secretos oficiales a miembros de partidos que se caracterizan por su nulo sentido de Estado, falta absoluta de discreción y utilización de cualquier tipo de información, real o falsa, para debilitar a España.

Como se preveía, en cuando finalizó la reunión de la comisión, Rufián filtró parte del contenido. Como se preveía también, a los dos días aparecía la casi totalidad de lo allí hablado en el medio de comunicación más afín al gobierno. A Sánchez no solo le tienen sin cuidado las consecuencias de esas filtraciones, sino que este jueves, obligado a informar al Congreso sobre el espionaje con el programa Pegasus, no dudó en intentar salvar la cara diciendo que el gobierno no conoce lo que se cuece en el CNI. Falso. Y anunció que el gobierno va a controlar más el funcionamiento del CNI. Lo que evidentemente va a provocar el recelo de servicios internacionales, cuya colaboración con el CNI es clave para luchar contra enemigos externos: terroristas, mafias y oligarcas sin escrúpulos que intentan apoderarse de empresas estratégicas españolas.

Esa postura, impropia de cualquier jefe de gobierno de un país democrático, no le ha servido para conseguir el respaldo de sus socios. Rufián le echó en cara el anuncio de mayor control al CNI porque "el principal controlador del CNI es usted", y en esta ocasión Rufián dijo una verdad como un templo. Tampoco los otros independentistas aceptaron las explicaciones de Sánchez, ni Bildu, ni el PNV. Así que ha hecho un papelón en la comparecencia parlamentaria. Cuando mencionó la corrupción del PP hubo hasta sonrisas, y no solo en la bancada de ese partido.

Sánchez empieza a caer en lo patético: agobiado por los sondeos que le auguran un futuro difícil, anda como pato sin cabeza, desorientado, arremetiendo contra todo lo que encuentra por delante sin saber exactamente contra quién choca. Le es igual que sea un socio, un partido de la oposición, la Comisión Europea o el Banco de España, dos entidades que le están lanzando señales preocupantes sobre la economía, el futuro de las pensiones, la deuda y el uso de los fondos de recuperación. Sánchez no se inmuta: cualquier cosa menos hacer examen de conciencia.

Es de los que creen que la mejor defensa es un ataque. Pero no sabe que para que sea efectiva esa estrategia el ataque debe hacerse con inteligencia.