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El día más esperado

J. Villahizán (SPC)
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Después de dos años de tener que usar mascarilla tanto en zonas abiertas como en espacios cerrados, los españoles dirán adiós a esta protección el próximo miércoles

El día más esperado - Foto: Quique García

Han sido un complemento obligatorio desde hace dos años, cuando no se sabía casi de su existencia, salvo que eran usadas por médicos o cirujanos en momentos muy concretos o utilizadas por asiáticos que eran adversos a la polución en macrociudades que distaban mucho de las nuestras. Se han podido ver de colores, de tela, a juego con zapatos y bolsos, impolutas e intercambiables. La sociedad ha aprendido una nueva terminología profesional, que si higiénicas, quirúrgicas o FFP2, y hasta FFP3; también había quejas de que si apretaban mucho, que si con ellas puestas se empañaban las gafas. No nos imaginábamos que íbamos a estar todo el día con ellas puestas, incluso nos preguntábamos si se podría respirar bien. Y al final, ese artilugio que vino de China, como el virus, se ha convertido en una prenda más que todos llevamos por duplicado y hasta por triplicado en bolsillos, bolsos y guantera de coche.

Hasta ahora. El día más feliz de  los españoles, cuando el próximo miércoles, según real decreto del Gobierno y después de publicarse en el BOE, España elimine la obligatoriedad de llevar esta protección en interiores, lo que supone de facto la supresión de este elemento en el día a día, salvo en contadas excepciones, como los hospitales, las residencias y el transporte público. ¡Cuánto se ha soñado y se ha debatido sobre cuándo abandonaríamos las dichosas mascarillas! Pues ese día ha llegado.

Incluso los más optimistas no veían el final del túnel a pesar de la masiva vacunación y la generalización de las medidas de protección. Las continuas y constantes olas, hasta seis en España, cada una de ellas más significativa, ponían en jaque el fin del uso del famoso cubreboca.

Pero tras varios anuncios por parte de la ministra del ramo, Carolina Darias, y después del descenso de la variante ómicron tanto a nivel de incidencia en hospitales como en contagios, la esperada medida de eliminar las mascarillas llega a buen puerto después de Semana Santa y eso a pesar del repunte que supusieron las fiestas de las Fallas a mediados del pasado marzo. 

Las celebraciones de Valencia fueron una especie de test sanitario y social de cara a una supuesta normalidad. De hecho, las Fallas fueron las primeras fiestas popular que tuvieron lugar casi sin restricciones, solo con mascarilla en interiores. Pasado el jolgorio, la Generalitat valenciana notificó un aumento de los contagios tras las fiestas mayores de la capital del Turia, aunque los positivos volvieron a descender pasadas dos semanas.

Además, hace apenas tres semanas el Gobierno retiró la necesidad de guardar cuarentenas a los positivos que sean asintomáticos o leves a partir de finales de marzo, lo que supuso un espaldarazó más al regreso de la vida tal y como la conocíamos antes del coronavirus. Por eso el Gobierno, tras consultarlo con las comunidades, y a pesar de las reticencias de algunos sectores profesiones y regiones, autorizó la pasada semana la eliminación de esta protección a partir del 20 de abril, justo pasada la Semana Santa.

Muchas dudas

Sin embargo, ahora las incertidumbres son muchas y surgen en aquellos ámbitos donde se elimina el hecho de llevar mascarilla en espacios cerrados. Es decir, cada vez son más los ciudadanos que se cuestionan si se debe o no llevar el cubreboca en el gimnasio, en el cine, en un concierto, en un centro comercial o en una tienda. Por no hablar de un avión o un barco, cuando ya hay compañías aéreas que han anunciado que no obligarán a los pasajeros cubrirse la cara.

Sea como fuere y en espera de la redacción definitiva del nuevo real decreto, que se conocerá el próximo martes, el Ejecutivo ya ha anunciado que la obligatoridad de las mismas se ciñe a los trabajadores y visitantes de hospitales y de centros asistenciales, así como a las personas ingresadas cuando estén en espacios compartidos fuera de su habitación, y en el transporte público.

Respecto al resto de situaciones, el Gobierno solo se refiere a recomendaciones. Así, aconseja pero no obliga a llevar mascarilla en espacios cerrados de uso público, como es el caso de comercios, teatros, cines, bares o locales de ocio; pero también en el ámbito familiar y en el entorno laboral, siempre que el trabajo deba realizarse a una distancia interpersonal de menos de 1,5 metros y no pueda garantizarse la ventilación adecuada. Con las personas vulnerables sucede lo mismo, el Gobierno recomienda un uso responsable de la mascarilla.

Reticencias

Pero no son todo parabienes para el fin de la mascarilla en interiores. Cada vez son más los colectivos que se posicionan hacia una actitud de prudencia. Así médicos y enfermeros avisan que se trata de una decisión precipitada del Ejecutivo y que aún habría que esperar más para eliminar esta protección de los espacios interiores. Incluso hay voces autorizadas entre distintos colectivos de epidemiólogos que auguran un aumento de los contagios a partir de Semana Santa y más aún después de la supresión de la mascarilla a mediados de semana. 

Sea como fuera, la realidad es que España pasará el próximo miércoles a un nuevo escenario, aquel en el que nos volveremos a ver las caras.