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Editorial

Un empleo que crece con solidez a pesar de la ralentización

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Los datos de la EPA del tercer trimestre en Ávila reflejan el notable aumento de la población vacunada y de la recuperación generalizada de la actividad económica, a lo que se suma el efecto estacional de la temporada de verano, que suele venir acompañado de resultados favorables en el volumen de contratación. Los registros de la encuesta son históricos, resituando los parámetros en níveles de hace 13 años, en los albores de la crisis de la burbuja inmobiliaria, tanto en términos absolutos como en tasa de desempleo. En relación al pasado verano (que es la época que representa este tercer trimestre) en Ávila hay 3.000 parados menos; en relación al segundo trimestre del presente año, 4.000. Los porcentajes respectivos hablan por sí solos: descensos del 26 y del 31%. Estos buenos datos se producen pese a la ralentización del crecimiento económico, lo que indica que la tendencia positiva del empleo es sólida. Frente a ello, los expertos coinciden en destacar un hecho estructural, que en Ávila es manifiesto, el de la temporalidad; y otro volátil, el de las incertidumbres creadas por la inflación y la reforma laboral. Respecto a lo primero, a lo que habría que sumar el dato negativo del descenso de la población activa, la tasa de temporalidad ronda el 30%, con casi uno de cada tres asalariados abulenses con contrato no indefinido, una característica ligada a sectores como el agrícola y el de servicios, los más relevantes en la provincia. En cuanto a la inflación, el último registro provincial sitúa un crecimiento del coste de la vida de 5%, una de las tasas más altas de Castilla y León y en una línea equiparable a la media nacional. Si ya de por sí los incrementos salariales en Ávila son bajos, la mella que el IPC desbocado puede hacer en la pérdida de poder adquisitivo de los abulenses tendrá graves consecuencias para el consumo. La demanda interna, por cierto, está siendo la gran máquina tractora de la recuperación. Esta incertidumbre y las amenazas que se ciernen sobre los activos y el consumo tienen mucho que ver con la subida de la energía.

La otra gran incógnita por despejar es la de la interminable negociación de una reforma laboral que pide Europa (no en forma de medidas concretas, sino del marco existente) y que ha de garantizar mayor seguridad a las empresas y también mayor estabilidad en el empleo. Sigue siendo necesario dar paso a un nuevo modelo de relaciones laborales que impulse la creación de empleo estable de calidad y, por tanto, erradique la precariedad crónica que asola a gran parte de los trabajadores y trabajadoras; pero también la corrección del permanente desequilibrio del mercado abulense, con excesiva precariedad y fuga de capital humano. Tiene cierta lógica que en la agricultura los empleos tengan fecha de caducidad; es menos sostenible que la tengan en determinados segmentos del sector servicios o en la construcción. La apuesta por más y mejor industria puede ayudar no solo a fraguar un mercado laboral más justo, sino también una economía abulense más sólida y con potencial a largo plazo.