Inmarcesible san Juan de la Cruz

D.C
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El libro 'La noche y sus etcéteras', un homenaje de 24 poetas al místico fontivereño y a su poema 'Noche oscura del alma', fue presentado en la Universidad de la Mística

Se presentó este viernes en Ávila, en un escenario tan adecuado para una cita que funde la cultura con la mística como es la Universidad de la Mística, un libro que en homenaje a san Juan de la Cruz y a su enorme poema Noche oscura del alma han realizado 24 poetas de reconocida trayectoria –María Victoria Atencia, Jesús Beades, José Julio Cabanillas, Carmen Camacho, Eva Chinchilla, Antonio Colinas, Jesús Cotta, Fernando Donaire, Ester Folgueral, Juan Gallo, Pablo García Casado, Enrique García-Máiquez, Estefanía González, Menchu Gutiérrez, José María Jurado, Raquel Lanseros, Antonio Mialdea, Constantino Molina, Juanfran Molina, Eugenio Navarro, Isabel Ordaz, Miguel d’Ors, Rosario Pérez Cabaña y Antonio Praena–, libro de plural autoría y titulado La noche y sus etcéteras en el que cada uno de sus firmantes ha revisitado el inmortal texto sanjuanista para expresar poéticamente su experiencia desde una clave personal que de alguna manera puede ser también compartida.
El objetivo principal de esta obra, promovida por la editorial Gravitaciones en colaboración con la comunidad carmelita de Úbeda –localidad andaluza en la que murió el místico fontivereño en 1591 y en la cual reposaron sus restos hasta su traslado a Segovia en 1593–, es ofrecer al lector una multiplicidad de experiencias sobre la noche oscura clásica que abarque todos los planos posibles.
En este sentido, en las 72 páginas del libro hay poemas de tono científico («Bastaba un paso,/ levantar la vista,/ soltar volantes y contrapesos del Gran Telescopio./ Lo profundo/ palpita de igual forma. Abandona/ tu ingenuo cálculo de la esperanza», de Juan Gallo), de tono más afectivo («Acude pronto noche, amanece a tu aurora, descúbreme en tu luz/ la vida que tú vives. Despierta en mí el milagro de aquella noche amable,/ de transformar la vida en fiel reflejo tuyo», de Fernando Donaire) o de un tono existencial («Las hojas en la rama/ no nacen ni se secan ni se caen./ Está parado el mundo./ Empapado, lavado/ por una angustia blanca en un río que no corre», de José Julio Cabanillas), para completar un abanico de perspectivas que queda siempre abierto.