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El éxito se queda en casa

B.M
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Habitualmente se asocia estudiar ingeniería como las que se ofrecen en el campus abulense de la Universidad de Salamanca con desplazarse a otro lugar, incluso al extranjero, para trabajar. Pero lo cierto es que muchas veces las opciones están cerca

El éxito se queda en casa - Foto: Isabel García

Uno de los motivos que se esgrimen a la hora de fomentar el estudio de ingenierías como las que se imparten en la Escuela Politécnica Superior de Ávila es la alta tasa de empleabilidad, que se acerca al 100%. Este dato, que se comprueba con el paso de los años, podría esconder detrás otra realidad, la de la necesidad de desplazarse fuera, incluso al extranjero, para encontrar trabajo. Y es cierto que muchos estudiantes buscan este 'cambio de aires' a la hora de emprender la vida laboral pero hay quien prefiere quedarse en casa.

Y esa opción de permanecer en el mismo lugar en el que estudiaron es la que eligieron los protagonistas de este reportaje. Todos ellos son estudiantes de ingeniería de la Politécnica, dentro del campus de la Universidad de Salamanca en Ávila, que en este momento trabajan o investigan en Ávila y lo hacen encantados.

El recorrido por la vida de estos jóvenes comienza con una parada en el polígono de Vicolozano y más concretamente en Vulpix Ibérica donde trabaja Diego García Moreno. Diego, que cumplirá 23 años en octubre, estudió el grado en Ingeniería Civil en la Politécnica, unos estudios que terminó el pasado verano. Desde pequeño tenía claro por donde iba su futuro laboral porque siempre le gustó «el tema de la obra y la construcción» así que cuando dieron una charla en el instituto de que había la posibilidad de estudiar Ingeniería Civil en Ávila lo tuvo claro. Era su camino.

Él no tenía problema con irse fuera, pero estando los estudios en Ávila, «mucho mejor», dice. Y desde luego el resultado así lo confirma porque destaca que pudo estudiar en un ambiente «muy familiar, con buena relación con los profesores, que te conocen personalmente, y da gusto estar con los compañeros. Todos nos ayudamos».

En principio su intención era hacer un máster pero «se fueron complicando las cosas por temas de burocracia y papeleo» y tuvo la oportunidad de hacer las prácticas con uno de los profesores de la escuela, que es el arquitecto Carlos Jiménez Pose y gracias a eso, con el currículo que tenía, pudo entrar «en un estudio de arquitectura que colaboraba con la constructora en la que estoy ahora». Le hicieron una entrevista y así logró el trabajo.

Él tenía claro que quería quedarse en Ávila, porque tenía otras ofertas en Madrid pero quería trabajar lo más cerca posible de casa, «sobre todo por tema de desplazamiento o alquiler».

Respecto al trabajo, «está muy relacionado con los estudios», dado que esta ingeniería se relaciona con la obra civil y la construcción y «en la constructora hacemos un poco de todo», por lo que «en gran medida» está relacionado con lo que empecé.

Confirmando esa premisa de la alta empleabilidad, Diego recuerda que comenzó a trabajar a los 15 días de terminar el grado, a finales de verano, en una experiencia que le está «gustando» porque le da «más independencia económica» y donde valora que la vida es «distinta» porque ahora «trabajo de lunes a viernes y los fines de semana son libres. Sin embargo, cuando estudiaba...» Además está «aprendiendo un montón de cosas que, aunque estudies mucho, se aprenden en el ámbito laboral».

Respecto a sus perspectivas de futuro, de momento solo se plantea seguir aprendiendo, si puede ser donde está. Eso sí, algún día, quiere dedicarse a este trabajo por su cuenta. Pero es algo en lo que piensa «a muy largo plazo».

No muy lejos, en el mismo polígono de Vicolozano, se encuentra otro Diego, en este caso Diego Jiménez Alonso, que trabaja para Laboratorios SAT 2009 (grupo Garbantel). Sus estudios fueron el grado de Minas y Energía, de los que se graduó el pasado verano. A sus 25 años recuerda que se encaminó a los estudios de ingeniería animado por familiares que ya eran ingenieros y también alentado por contar con la Escuela Politécnica, un centro que estaba en Ávila y que ofrecía lo que él quería estudiar. 

Sus prácticas ya fueron en Laboratorios SAT 2009, que pertenece al grupo Garbantel, donde después ha podido acceder a un contrato laboral. En un principio estuvo mitad en prácticas y mitad contratado pero desde finales del pasado año estuvo a media jornada y posteriormente llegó a la jornada completa. En su caso llegó a este puesto de una manera casual, puesto que cuando tuvo que desarrollar el trabajo fin de grado, sin tener muy claro sobre qué hacerlo, llegó la empresa a preguntar en la universidad si había algún estudiante que fuera a empezar el trabajo fin de grado y le interesara hacer las prácticas y desarrollarlo con ellos. Tras hacer la entrevista y lograr el puesto pudo desarrollar su trabajo y tener la posibilidad de trabajar ahora sobre aquello en lo que él mismo se implicó.

Su trabajo se enmarcó en la salida de una nueva normativa de metrología, con la verificación de contadores de gas. Laboratorios SAT era un laboratorio de metrología que quería ampliar el servicio que tiene a verificación metrológica de contadores de gas y así surgió la oportunidad para que este joven desarrollara un nuevo laboratorio para hacer las verificaciones de estos contadores. 

Ahora ya cuentan con la acreditación para calibración e inspección de contadores de gas, además de que la Junta de Castilla y León les designó como organismo autorizado de verificación metrológica. Y es en esto precisamente en lo que se centra su trabajo en hacer calibraciones e inspecciones.

Lo que más le gusta de su trabajo es realizar los montajes y desmontajes de los equipos en el banco de calibración, y en definitiva, la operativa de manejar los contadores de gas.

Y todo ello lo puede desarrollar en Ávila. Y es que él siempre ha querido quedarse porque está «muy a gusto aquí y prefiero estar en mi casa a tener que viajar o alquilar un piso fuera», por lo que en este trabajo le permite permanecer en Aldea del Rey Niño en un futuro que espera que siga ligado a Ávila.

investigación. Una salida laboral que a veces descubren los estudiantes cuando llegan a la universidad es la de la investigación. Y en ella encontramos a María Sánchez Aparicio y Paula de Andrés Anaya, ambas con el grupo de Investigación Tidop de la Escuela Politécnica.

María es originariamente de Salamanca pero bromea diciendo que casi se considera abulense porque se van a cumplir 13 años desde que vino aquí a estudiar. Cuando finalizó los estudios de Bachillerato tenía claro que quería hacer una ingeniería, «seguramente influenciada por mi padre y mi hermano, que ambos son ingenieros». Quería estudiar en la Universidad de Salamanca, y aunque conocía los campus de Zamora y de Béjar, no así el de Ávila. Pero buscando información descubrió el de Ávila y sus ofertas académicas hasta decantarse por lo que en aquel momento era Ingeniería Técnica en Topografía, que se unía a la atracción que sentía por la competencia de la carrera de tratamiento de información cartográfica.

Finalizó sus estudios cuando comenzaba el cambio a los grados y casi se vio en la obligación en hacer la adaptación, lo que quiso hacer en la propia Politécnica porque había tenido una experiencia positiva en la formación y profesorado, «en la forma de dar la docencia, que no sólo es teórica sino que es práctica con los laboratorios, con las salidas a campo que se hacían». Así fue como terminó como graduada en el actual grado de Ingeniería de la Energía y Recursos Minerales. Allí llegó inspirada, entre otras cosas, porque había formación en energías renovables, que era algo que empezaba a verse «como novedoso y como el futuro de nuestra sociedad», lo que la ayudó a decantarse por estos estudios.

Su siguiente paso lo tenía claro. Quería seguir formándose y especializarse en algo que pudiera combinar ambas titulaciones y fue así como llegó al Máster en Geotecnologías Cartográficas en Ingeniería y Arquitectura, en cuya trayectoria pudo especializarse en las geotecnologías y «descubrir de primera mano la investigación». Al dar este paso de la investigación comenzó la Cátedra Iberdrola y fue adentrándose en la investigación y terminó decantándose por hacer el doctorado que la permite «alcanzar el máximo nivel académico dentro de la universidad». Para ello cuenta con una ayuda de la Junta de Castilla y León para la formación de personal docente investigador, por lo que ahora está como personal investigador predoctoral.

Su investigación del doctorado se centra en estudiar y analizar cómo datos de diferentes fuentes cartográficas, principalmente gratuitas, pueden ser de utilidad para la estimación de recursos energéticos renovables dentro de una ciudad. Esto supone tanto imágenes satelitales ofrecidas por las principales agencias espaciales hasta información cartográfica gratuita que ofrecen distintas entidades. 

Y, sobre el futuro, le gustaría seguir la trayectoria investigadora (trabaja para conseguir el doctorado con mención internacional) y más allá, lo irá descubriendo. A sus 30 años tiene tiempo.

A su lado trabaja Paula de Andrés Anaya nacida en Madrid pero que con siete años se fue a Segovia y que ya lleva ocho en Ávila. Ahora tiene 29 años y recuerda que cuando estaba en Bachillerato era una «estudiantes un poco malilla» y se decidió por un grado superior en Desarrollo de Proyectos Urbanísticos y Operaciones Topográficas y ahí fue cuando descubrió «el mundo de la topografía» y con él lo mucho que la gustaba salir al campo, hacer planos... Fue unos estudios en los que tuvo muy buenos resultados y la ofrecieron la oportunidad de hacer la ingeniería. No sabía si ir hacia lo civil, la topografía, si Madrid o Ávila. Pero finalmente el tema económico hizo que se decantara por Ávila porque era más económico que ir a Madrid. Se decidió por Ingeniería Geomática y Topografía en la Escuela Politécnica. Desde el principio le encantó la oferta, en parte por lo que ya conocía, y también por todo lo que pudo descubrir. Y es por ello que en el último año de carrera le ofrecieron una colaboración en el Departamento de Ingeniería Cartográfica y del Terreno y a la vez hacer su trabajo final de grado que terminó haciendo sobre el cálculo de temperatura superficial del terreno a partir de imágenes satelitales (también vinculada a la Cátedra Iberdrola). Aquello le «encantó» y siguió un camino en el grupo de investigación con una nueva beca, en este caso de retención de jóvenes talentos de la Universidad de Salamanca, mientras también hacía el mismo máster que su compañera.

En ese momento ya tenía claro que la investigación le gustaba y también se encaminó al doctorado, de nuevo con una beca, en este caso de formación de personal universitario del Ministerio de Educación y en ello está.

Sus años de estudiante de grado los recuerda como que todo se hacía con un trato muy personal, casi como si fueran profesores particulares, siempre a su disposición y ahora, en el doctorado, tiene nuevas responsabilidades y la idea sobre la que trabajar, que trata sobre un estudio de parámetros termofísicos a partir de imágenes satélites. Es decir, utiliza imágenes de la ESA y la NASA, y estudia los parámetros de temperatura superficial y se adentra en temas como islas de calor urbana.

Y su futuro, aunque tiene dudas y dos años por delante para terminar la tesis, sí que la gustaría continuar en la universidad, seguir el tema de la investigación y también ha descubierto que la docencia le gusta mucho, aprovechando que en Ávila es muy sencillo, con pocos alumnos y trato personal.

Y ello sin olvidar que está cerca de Segovia, cerca de la familia. Y eso se agradece.