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Juan Ruiz-Aýucar

Quince barrios

Juan Ruiz-Aýucar


La sombra y el árbol

22/04/2022

El recuerdo en diversos medios escritos y orales de la muerte en la cárcel de Alicante del gran poeta y dramaturgo Miguel Hernández, cuando se han cumplido ochenta años de tan triste jornada de 28 de marzo de 1942, me lleva a rememorar los intensos y ya lejanos años que compartimos un grupo de jóvenes poetas abulenses ofreciendo recitales en distintos escenarios de Ávila y su provincia. Fue cuando bajo la dirección de Jacinto Herrero Esteban (1931-2011), sacerdote profesor del Colegio Diocesano, destacado escritor y poeta, nacido en Langa, publicamos en mayo de 1970 una muestra antológica de nuestra personal inspiración bajo el título La sombra y el árbol, editada por la Institución Gran Duque de Alba en su colección editorial El Toro de Granito. Entre los 17 y los 21 años de edad, en la obra publicada se recogían poemas de Jesús Fernández López, Santiago González Cabrero, Francisco Javier Gutiérrez Núñez, José Luis Gutiérrez Robledo, Fernando Hernández Corbacho, José Luis Martín Pérez, Óscar Pacheco, Enrique de San Sebastián y quien esto escribe. En la introducción de La sombra y el árbol, Jacinto Herrero no olvida que la obra de los jóvenes poetas abulenses se publicaba coincidiendo con el centenario del nacimiento de Gabriel y Galán (28 de junio de 1870) y de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer (22 de diciembre de 1870) y repitió unas palabras de Miguel Hernández, nuestra más querida referencia en aquellos años, que le gustaba recordárselas a quienes comenzaban una tarea poética, como ocurría con nuestro joven grupo: "cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido. Ante la sombra de dos poetas nos levantamos con otros dos, y ante la nuestra se levantarán otros mañana. Nuestro cimiento será siempre el mismo".
Sabía Jacinto Herrero que al separar de su contexto estas palabras en algún punto las traicionó, pero aparte de sugerir un título con que agrupar los poemas publicados en las páginas siguientes, indicó que "esclarecían lo suficiente para no extrañarnos si, en los jóvenes poetas aquí reunidos, encontramos soterradas las voces de poetas mayores que la joven poesía hace alimento propio y en parte asimila (asimilar, asemejar, que todo es uno". Finaliza Jacinto Herrero su introducción explicando el porqué del título de la obra publicada La sombra y el árbol, diciendo que "el árbol crece y a su sombra los renuevos despuntan. Su presencia asegura "otro milagro de la primavera" que acreditan sus años".    
Siguiendo la ruta poética abulense, nunca olvidada por El Diario de Ávila, no faltaba a su cita con los lectores en los años 80 la revista mensual de información agraria Campoávila que dirigía el periodista Maximiliano Fernández, actual director de la Institución Gran Duque de Alba, dependiente de la Diputación Provincial. Y fue en sus páginas donde se contrastaban textos informativos del campo abulense con otros de diversos autores, inspirados por la tierra compartida con sus habitantes y escritos por poetas locales.
Finalizando los años 90, apareció la Pequeña Antología de Poesía Abulense, coincidiendo con la celebración del primer centenario de El Diario de Ávila a lo largo de 1998.  Fueron 28 los poetas reunidos para publicar la cuidada edición de un volumen de cien páginas. Fue el principal responsable de esta obra el escritor, poeta y periodista Carlos Aganzo, en aquellos tiempos director de El Diario de Ávila (1996-2007). 
     Entre los poemas escritos por mí y publicados en esta antología destaco ahora el titulado Amanecer en Castilla: "Llega de nuevo la mañana, tan clara/ y distante, mordiendo hielos/, abriéndose camino, surco a surco/,  entre las espigadas olas/ de la mar dorada y repentina/. Castilla entera se despierta, se deshace/ en un haz de brazos luminosos/, como los pájaros de trigo incendiados/ por la tierra reseca y desgranada. /Todo huele a sol y a piedra. Todo es sudor/ desprendido por mil sombras penitentes, /hastiadas de ser clamor de nube/ entre sueños milenarios de campana. /Meseta silenciosa que ayer fueras el vientre/ y la palabra: olvida el dolor en tus heridas/ irremediablemente frescas, /como la triste pena que arrastra el vino/ hasta perderse en un grito de inusitadas bocas".