Editorial

El Gobierno deja muy malherida a RTVE y acrecienta la imagen de manipulación

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La crisis abierta en el seno de RTVE vuelve a situar al ente público en entredicho, favoreciendo ahora con más razón que nunca el cuestionamiento de su independencia. Si los últimos años no habían sido precisamente un ejemplo de transparencia, salpicados con polémicas tan evitables como previsibles, la designación de la socialista Concepción Cascajos como presidenta interina del ente no debería interpretarse solo como una torpeza política sino que podría entrar en la consideración de acto disruptivo hacia la provocación y la pérdida del pudor por parte del Gobierno. Es cierto que la gestión de RTVE nunca ha sido un ejemplo de independencia - ni siquiera cuando el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero impulsó un modelo que hacía más difícil su manipulación se consiguió del todo - pero la decisión de elegir a una persona con carné del PSOE para dirigir el ente durante los próximos seis meses no hace sino acelerar cualquier pensamiento sobre adulteración en esta etapa inmediata. Ni siquiera sirve como excusa que fue el expresidente Mariano Rajoy quien rompió el patrón creado por Zapatero y abrió la puerta a este modelo con el que el PSOE ha cruzado una línea muy roja.

Lo ocurrido esta semana en RTVE demuestra que en los últimos años ha carecido de rumbo y que cualquier movimiento que se ha hecho en el ente tras la llegada de Pedro Sánchez al poder ha sido a peor y propiciando la sensación de pérdida de independencia. Con ello, se arrastra además al cuestionamiento del trabajo de profesionales cuya reputación queda dañada, empezando por la de la propia Cascajos. La tenencia del carné de militancia del PSOE no debe servir para prejuzgar su valía profesional ni para bien ni para mal, pero sí para negar rotundamente su idoneidad para un cargo que requiere no solo que se ejerza con independencia sino que en quien deba asumir ese papel no pueda recaer ninguna sospecha de parcialidad. Y, obviamente, este no es el caso.

La politización de la televisión pública ha formado parte del debate en España y pocas veces ha habido consenso sobre su modelo, con constantes cruces de acusaciones de manipulación entre los sucesivos gobiernos y el correspondiente bloque de oposición. Decía ayer la secretaria general del PP, Cuca Gamarra, que lo ocurrido esta semana en RTVE es un ejemplo del intento de colonización que el presidente del Gobierno promueve en todas las instituciones y no se le puede negar que en este caso tiene razón. Y haría muy bien en sugerir a su partido que si Alberto Núñez Feijóo se convierte en presidente retorne al sistema de elección que Rajoy eliminó en 2011. Para asegurar a los españoles que se evitarán en el futuro la repetición de tentaciones y, en consecuencia, de errores.