«En Toledo te enseñan a vivir con tu nueva vida»

M.M.G.
-

Ángel de Propios, delegado de Aspaym

Ángel de Propios en la redacción de Diario de Ávila. - Foto: Antonio Bartolomé

 ÁNGEL tenía 21 años cuando su vida cambió por completo. Conducía desde San Bartolomé de Pinares hacia Ávila para comenzar una nueva jornada de trabajo cuando una cabezada al volante hizo que su coche chocara contra una solitaria e inoportuna piedra en el camino. Enseguida notó que no podía mover las piernas, pero no fue hasta que supo que le iban a trasladar al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo cuando vio claro que lo suyo «era algo muy serio».

Eso ocurrió después de su primer ingreso por el Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles, unas horas de pesadilla de las que Ángel habla ahora con sorprendente tranquilidad, y de su estancia de quince días en el hospital de Salamanca, donde fue intervenido y desde donde comenzaron a mover su traslado a Toledo. «Porque no es nada fácil conseguir plaza allí», cuenta.

Pero finalmente llegó al centro de referencia en materia de paraplejias en España. Y se dio de bruces con una realidad dura, muy dura, y con casos tremendos que, una vez más, le volvieron a recordar lo delicado de su situación. «Es que una cosa es lo que te cuentan de Toledo y otra es verlo en primera persona», se confiesa, «porque cuando llegas y ves ciertos casos piensas, ‘sí que tengo que estar fastidiado, sí’».

El primero de los siete meses que Ángel pasó en Toledo estuvo prácticamente todo el tiempo encamado. «Al principio no puedes salir de allí para nada», nos va descubriendo los entresijos del centro toledano. Pero a él, con un estado de ánimo de lo más bajo, le permitieron regresar a casa un fin de semana para que cambiara de aires. «Y ese fin de semana en casa me sirvió para darme cuenta de que tenía que cambiar de actitud y que debía empezar a trabajar para vivir mi nueva vida», recuerda.

Porque precisamente eso, a vivir una nueva vida, es lo que básicamente se encargan de hacer los profesionales del hospital toledano.

«Cuando llegas allí te enseñan a vivir con tu nueva vida», resume Ángel, que habla de cómo se vio obligado a abandonar su sueño infantil de ser camionero (que, por cierto, estaba muy cerca de conseguir antes del fatídico accidente) y sustituirlo por nuevos proyectos e ilusiones.

Fisioterapeutas, rehabilitadores, terapeutas ocupacionales, psicólogos... los profesionales médicos del Hospital Nacional de Parapléjicos se volcaron con Ángel. «Me dijeron que mi lesión era incompleta, que no tenía seccionada toda la médula, pero que había que trabajar mucho», continúa exponiendo recuerdos.

Así que se puso manos a la obra y trabajó. Y mucho. «Allí gateé más de lo que había gateado de bebé», nos cuenta con una sonrisa en los labios antes de hablarnos, por ejemplo, de sus ejercicios en las barras paralelas con bitutores y antiquinos.

Durante su estancia en Toledo, Ángel aprendió, por ejemplo, a salir de la cama, entrar al coche o manejarse por las aceras de la calle con su silla de ruedas. «Me tuve que volver a examinar del carnet de conducir», apunta, y recalca que siempre tuvo muy claro que quería volver a sentarse al volante.

Poco a poco, Ángel fue encontrándose mejor y sintiéndose parte de la gran familia bajo cuyas alas se arropan todos los internos del centro toledano. «Jugaba al tenis de mesa, al baloncesto, a la play...», nos descubre. De hecho, llegó a encontrarse tan a gusto que confiesa que cuando salió de allí con el alta bajo el brazo, llegó a echar de menos el centro toledano. «Es que allí todos éramos iguales, todo estaba adaptado, y cuando llegas al pueblo, puf...», plantea Ángel una de las muchas dificultades que desde entonces ha ido sorteando con valentía.

Una valentía y unas ganas de continuar que le llevaron, por ejemplo, a unirse a Aspaym, asociación en la que hoy ejerce de delegado y donde encontró un apoyo clave a través del Programa PIRI. «Al llegar a casa te visitan un psicólogo, un psicoterapeuta y un tutor que se busca siempre que tenga una lesión parecida a la tuya», describe el programa. «Y yo tuve mucha suerte, porque en mi caso fue un chico de Valladolid que había conocido en Toledo», sonríe Ángel que no tiene palabras para agradecer a todos su apoyo. «Porque entre ellos y mi familia salí adelante», se emociona este joven deportista, al que ni una silla de ruedas le ha impedido practicar piragüismo o esquí, una pasión recién descubierta.

Y como él salió adelante tiene muy claro que siempre hay luz al final del túnel. «A los que estén pasando por algo parecido a lo que yo pasé les diría que no se vengan abajo, que la vida sigue y que muchas veces las limitaciones nos las ponemos nosotros», lanza un mensaje esperanzador y anima a aquellos que lo precisen a acercarse a Aspaym. «Además, ahora contamos con un nuevo centro de rehabilitación», presume del trabajo llevado a cabo por todos.

Ángel no ha perdido su contacto con los profesionales médicos de Toledo. Una vez al año les visita para controlar su aparato urinario y valorar la fuerza de sus piernas, que, afortunadamente, le permiten coger las muletas de vez en cuando.