El mural gigante de Eva Perón ilumina la avenida Nueve de Julio, la principal arteria de Buenos Aires. Y no trae solo un reflejo del pasado, al cumplirse, el pasado jueves, 60 años de su muerte, sino una señal de su vigencia como símbolo de la lucha por los humildes, la presencia femenina en el poder e icono político. Evita «nos enseña que nada se obtiene sin sacrificio. Que enfrentarse a los poderosos tiene un precio; que defender a los humildes cuesta caro; y ella pagó con su vida el valor de ser recordada siempre como la abanderada de los humildes», recordó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Venerada por las masas trabajadoras, su figura trascendió junto a su esposo Juan Domingo Perón (1895-1974), tres veces elegido como dirigente del país, para convertirse en un mito.
Dueña de una gran personalidad, superó una niñez sumida en la pobreza para convertirse en una estrella de radioteatro y cine. Luego abrió las puertas a la mujer hacia un espacio hasta entonces dominado solo por los hombres. Impulsó el voto femenino y se abocó a los sectores más postergados. María Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919 en Los Toldos, hija natural de Juana Ibarguren. Su padre, Juan Duarte, tenía otra familia y años después le dio su apellido.
Rompió con los cánones conservadores, cuando con 14 años se fue a la capital para probar suerte como actriz, y más tarde al convivir con un oficial del Ejército, viudo y 24 años mayor que ella, que poco tiempo después se convertiría en presidente. Eva conoció a Perón cuando era secretario de Trabajo y Previsión Social del Gobierno, tras organizar en enero de 1944 un festival artístico a beneficio de las víctimas de un terremoto.
EL CAMBIO. «Aquel fue mi día maravilloso», narró ella en su libro La razón de mi vida sobre el inicio de una historia de amor que cambiaría la forma de hacer política. La popularidad del militar, ascendido a ministro de Guerra y luego a vicepresidente, creció vertiginosamente entre las clases obreras hasta que un grupo de militares pidió su salida del poder y fue encarcelado en la isla Martín García.
Pero el 17 de octubre de 1945 un movimiento popular reclamó su liberación. Poco después se casaron y en 1946 Perón fue elegido jefe del Ejecutivo. Fue entonces cuando la figura de Eva Duarte comenzó a cobrar protagonismo. Con pasión y con coraje se volcó a las tareas de acción social, a la vez que destinó su intuición y su férreo carácter a las gestiones con los sectores sindicales desde el Ministerio de Trabajo. La abanderada de los humildes se situó en la cúspide de la idolatría popular, a la vez que crecían sus opositores.
A principios de 1950 comenzó a sentir los primeros síntomas de la enfermedad. Muy joven aún, el cáncer de útero comenzó a consumirla. Murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años, luego de que su marido asumiera su segunda presidencia, incluyendo el voto femenino que ella tanto defendió.
El país se vistió de luto. Sin embargo, no pudo descansar en paz, porque su cuerpo embalsamado, botín político, estuvo desaparecido durante 16 años en medio de conspiraciones militares.