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Un ejercicio de fe atlética

SPC - viernes, 17 de agosto de 2018
Un ejercicio de fe atlética - Foto: Valda Kalnina
El equipo rojiblanco consiguió reengancharse y ganar el partido gracias a su tesón y trabajo colectivo

El Atlético conquistó el pasado miércoles su tercera Supercopa de Europa gracias al formidable partido de Diego Costa, la efectividad en ataque, el acierto en los cambios, la fe del equipo cuando la final parecía perdida y la llegada de Saúl Ñíguez, el goleador que desequilibró el duelo.

Diego Costa
Solo había disputado una hora en esta pretemporada, mermado por alguna molestia física, pero su entrada en competición fue imponente. Su formidable versión impulsó a los suyos durante el ‘combate’ con Ramos en Tallin. Fue el motor ofensivo del equipo y el goleador indispensable desde su puesta un escena, el golazo que adelantó a los rojiblancos a los 50 segundos, hasta el oportuno remate en el minuto 78 para rescatar a su conjunto cuando se sentía derrotado y sin recursos para empatar. Además, también participó en el 2-3 de Saúl Ñíguez.
Pegada ofensiva
El Atlético fue concreto en ataque. Es una de las cuestiones en la que incide Simeone en cada partido. En Tallin, el conjunto colchonero intentó ocho tiros a portería, tres fueron bloqueados por sus rivales, cinco fueron entre los tres palos y cuatro terminaron en gol. Una eficacia casi del 100 por 100 para levantar la Supercopa.

El banquillo
Cada uno de los tres primeros cambios -Correa por Griezmann, Vitolo por Rodri y Thomas por Lemar- dieron una velocidad más al equipo, con una participación decisiva de cada uno de ellos como asistentes. Correa dio el pase del 2-2 a Diego Costa; Thomas, con el que el técnico buscó llegada por detrás del delantero de Lagarto, arrebató el balón a Varane y sirvió el 2-3 a Saúl y Vitolo dio el 2-4 a Koke. «Nos dieron energía y piernas. Nos dieron más fuerza», resaltó luego Simeone, que incidió en la importancia de los tres.
Saúl Ñíguez
Atento a la salida del balón de Toni Kroos desde el principio del encuentro, no apareció en ataque hasta la prórroga, con esa llegada de segunda línea que forma parte de las cualidades más destacadas de un futbolista con múltiples condiciones y que tanto daño hace a cualquier rival. En el minuto 98, se asomó por primera vez por el área contraria y anotó el golazo que rompió la final: una precisa, potente y estética volea con la izquierda que supuso el tercer tanto del equipo rojiblanco.

Constancia
El Atlético encaró la media hora final del partido contra las cuerdas y sometido al control del Real Madrid, sin una sola ocasión sobre la portería de Navas, pero también con una insistencia que nunca decayó. Agarrado a la fe de Juanfran, que fue a buscar un balón que era de Marcelo, o la de Thomas, que presionó a Varane, se reenganchó y venció el duelo.

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