Más allá de la goleada y del dominio absoluto, España marcó el pasado jueves unos números que confirman que ante Irlanda rozó la perfección al llevar hasta la máxima expresión su estilo de juego: posesión, precisión y también goles. Si frente a Italia, en el debut continental, el dominio fue más estéril, ante el combinado verde, un rival menor, la ‘roja’ explotó.
«La campeona del mundo y de Europa ha demostrado su capacidad técnica, no consume mucha energía porque es una orquesta en la que juegan todos, no se equivocan en el pase», resumió tras el partido Giovanni Trapattoni, seleccionador irlandés. Lo afinado que tocó la orquesta lo confirmaron las estadísticas de la Uefa, que hablan de varios hitos. Así, España dio 898 pases, de los que completó 815. Xavi Hernández sumó 136 y con 127, completados con éxito, consiguió establecer un récord histórico en la Eurocopa. Los 136 pases intentados también significaron una mejor marca.
Y más: el equipo de Vicente del Bosque realizó 108 jugadas de ataque, de las que 22 terminaron en remate, y tuvo el balón en su poder 40 minutos por solo 15 de su rival en los 55 de juego real en los que el balón estuvo en juego. Un 72 por ciento de posesión. «Nuestra filosofía es innegociable», resumió Xavi cuando surgieron dudas tras el empate inicial 1-1 ante Italia. En la reciente victoria por 4-0, España insistió en su modelo, pero con correcciones. Sus lanzamientos al arco contrario fueron el primer detalle diferencial. «Hemos tirado 27 veces a gol (15 fueron a portería) y ése es un dato muy relevante», destacó el seleccionador nacional con evidente orgullo.
Tácticamente, la ‘roja’ corrigió defectos mostrados ante los transalpinos. Por ejemplo, Xabi Alonso adelantó su posición y no jugó tan pegado a Busquets, lo que otorgó mayor poder de llegada al grupo. Asimismo, el equipo utilizó más y mejor a los laterales, haciendo más ancha y profunda la cancha.
Lo que hizo España fue utilizar la posesión para algo concreto y el trabajo de corrección de Del Bosque fue evidente. El toque no fue inútil ante los de Trapattoni, donde ofreció una gran versión y envió un mensaje de autoridad a sus enemigos.
Lo hizo con la sublimación de su propio estilo, una filosofía de juego muy difícil de vencer cuando el dominio se concreta también en goles.