Diario de Ávila
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23 de octubre de 2018
Urbanismo

El 'nuevo' Mercado Grande cumple 150 años

JARAZ - domingo, 11 de enero de 2015
Pese a las remodelaciones, el 'Grande' continúa siendo el corazón de la ciudad.
La ordenación realizada por Ángel Cossín en 1865 supuso la demolición de todas las viejas casas que cerraban la plaza

LAS casas de corredor con soportales adintelados y ventanas o balcones en estrechas fachadas de dos plantas eran las habituales en el Mercado Grande desde que surgió la plaza abulense hace nueve siglos, abrazada por la iglesia románica de San Pedro y la muralla con su alcázar. Eran aquellas casas sencillas construcciones de uso familiar y comercial que conformaron y cerraron un nuevo espacio urbano extramuros convertido hasta hoy en despejado escenario de los grandes acontecimientos y de un diario e incesante movimiento ciudadano en consonancia con su creciente actividad mercantil, educativa, festiva y de esparcimiento. Aquellas primitivas casas, construidas en adobe, ladrillo, madera y cal, estaban condenadas a desaparecer con los nuevos tiempos, impulsados por el arquitecto municipal Ángel Cossín cuando en febrero de 1865 presentó al Ayuntamiento de Ávila los planos de alineación de la plaza, titulada del Alcázar hasta 1924, para darle el aspecto moderno que correspondía a una capital de provincia. El arquitecto, que estaba dirigiendo las obras del nuevo Ayuntamiento de la ciudad en el Mercado Chico, adjuntó al proyecto el dictamen facultativo para la remodelación integral del Mercado Grande, «haciendo ver la irregularidad que formaba la proyección de las casas».
Es ahora, en estos primeros meses de 2015, cuando se cumplen 150 años desde que el Ayuntamiento abulense prefirió, de las dos opciones presentadas por Ángel Cossín, la que beneficiaba a los propietarios de los viejos inmuebles al entender que perdían menos terreno cuando reedificasen sus fincas; algo que recomendaban los munícipes porque «las casas existentes son todas de poca importancia, logrando de este modo que cambie el aspecto muy luego en el punto más despejado de la población, siendo en lo sucesivo el más bello».
Un segundo oficio de Ángel Cossín acompañaba el proyecto de decoración que deberían guardar los nuevos edificios de la plaza del Alcázar conforme se fueran edificando en la parte correspondiente a su fachada exterior, aunque aclaró que no había sido posible lograr que todas las medianerías coincidieran con sus pilares, pero sí podría llevarse a efecto simultáneamente todas las construcciones sin grandes perjuicios de los propietarios. El proyecto también contemplaba su función como espacio de recreo, con su arbolado, asientos y una fuente, además del nuevo pavimento y alcantarillado.
El Ayuntamiento, que se había constituido el 1 de enero para el bienio 1865-1866, acordó aprobar la propuesta en todas sus partes. Estaba presidido el nuevo Consistorio por el alcalde Nicolás María Amores Bueno, con Juan Carmona de primer teniente de alcalde y Andrés Moreno Guijarro como segundo teniente de alcalde, además del procurador síndico para el bienio, Pablo Jiménez de Muñana, y  los regidores Mariano Aboín Coronel, Mateo Porres, Antonio Bernaldo de Quirós, Tomás Pérez  González, Miguel Bernal y Francisco Javier Hernández. Repitieron en sus puestos Francisco Gayoso, Carlos López, José del Río, Claudio Sánchez Albornoz e Inocente Romanillos.
Pasaron dos años y la construcción de los nuevos edificios en la plaza del Alcázar era más lenta de lo deseado por los regidores abulenses, con el gobernador civil, Ramón Fernández de Zendrera, a la cabeza, y todavía en 1867 se apilaban las losas de los nuevos soportales, rematados con airosos y elevados arcos de medio punto, cuyas casas que miraban al mediodía estaban en construcción.  
No fue empero hasta el año siguiente cuando el recién nombrado arquitecto municipal, Mariano Marcoartu, presentó en octubre el proyecto de alineación de la plaza en su confluencia con la calle San Millán, el circuito de San Pedro y la calle del Colegio, para así poder construirse en  todo ese frente oriental los nuevos edificios con soportales de idéntica factura que el resto, subvencionados por el municipio.  
Ya para entonces, Rafael Jara, precursor en 1851 del «nuevo» Mercado Grande, al levantar un moderno edificio con soportales adintelados haciendo esquina con la calle Estrada, había solicitado línea y así reconstruir sus casas número 19 y 20, adjuntando el plano de la fachada a que había de sujetarse. Al mismo tiempo, su vecino José González, dueño de la casa número 2 de la calle de San Millán, cuyo frente daba a la plaza del Alcázar, había hecho lo propio para que se le diera la línea de la referida calle y el plano por de fachada por la plaza.
Hubo que esperar hasta 1872 para que los nuevos propietarios de ese frente oriental del Mercado Grande solicitaran licencia de obra. Se trataba de José Álvarez Portal, quien presentó el plano de fachadas de la casa que estaba levantando en el Circuito de San Pedro como dueño del solar que también daba frente a la plaza del Alcázar, por cuyo motivo acompaña el plano por duplicado de la fachada que intentaba construir,  para que se le fijase la línea de construcción con sus correspondientes soportales. Por su parte, Valentín Quintas, uno de los mayores contribuyentes de Ávila,  era propietario de otra casa en el Mercado Grande, esquina a San Millán.
Tuvo que transcurrir  una década para que concluyeran las obras del «nuevo» Mercado Grande con la construcción paulatina de los inmuebles que cerraban la plaza con sus fachadas orientadas al norte del resurgido espacio urbano entre las iglesias de San Pedro y de la Magdalena, no sin litigio con la cofradía de las Ánimas del Purgatorio, ubicada en este templo y que se sintió perjudicada al considerar que se había invadido su espacio y cegado vistas hacia la plaza . No prosperaron sus demandas, porque era una condición exigida por el Ayuntamiento de la época evitar con edificios de mayor altura que se pudieran contemplar desde el Mercado Grande  los humildes arrabales que descendían hacia el Valle Amblés.
Llegado el siglo XX, las reformas del Mercado Grande fueron constantes, tanto en su espacio urbano como en los edificios que la cierran, hasta que en el año 2001, se ejecutó el proyecto de reforma integral de Rafael Moneo.

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