Ifni es un territorio de alrededor de 1.500 kilómetros cuadrados de superficie situado en Marruecos, bañado por el Atlántico y situado frente a las Islas Canarias, que durante 35 años del pasado siglo fue una pequeña provincia española en el continente africano. Una antigua ocupación que se remontaba a tiempos de los Reyes Católicos llevó a Marruecos a reconocer en 1860 el derecho de España a ocupar ese suelo, pero no fue hasta 1934 cuando el coronel Capaz tomó, pacíficamente, posesión de la zona.
Desde entonces y hasta 1969 vivió en Ifni una importante colonia española, población que disfrutó de una estancia en general agradable, perfectamente integrada con los habitantes naturales de la zona. Sólo hubo que lamentar la guerra que durante ocho meses, a caballo entre 1957 y 1958, enfrentó a España con Marruecos en aquel pequeño espacio, un conflicto que se cobró dos centenares de fallecidos y que el régimen franquista siempre quiso ocultar. La bandera española se arrió de Sidi Ifni, capital del territorio, el 30 de junio de 1969, después de que se firmase el acuerdo de retrocesión de ese suelo al reino alauita, y en ese momento acabó la presencia española en su ya extinta provincia.
Un didáctico resumen de ese interesante capítulo de la historia de España, en forma de exposición fotográfica acompañada de paneles informativos, puede verse desde ayer en el Episcopio, organizada por la Asociación Amigos de Ifni en paralelo con la celebración durante este fin de semana en nuestra capital de su VII Asamblea General.
Por muchos motivos merece la pena visitar la muestra. Primero, porque enseña de forma eficaz e interesante ese olvidado o ignorado capítulo de nuestra historia, mostrando además los documentos oficiales que llevaron a la ocupación, primero, y el abandono, después, de aquella tierra africana que se sintió española; después, porque para este cometido han sido seleccionadas un puñado de fotografías de hoy y de ayer que permiten conocer no sólo los cambios visibles en el territorio de Ifni, sino la vida que llevaban los españoles allí residentes y sus intensas y amistosas relaciones con los naturales del territorio (fiestas conjuntas y por separado, retratos, visitas de personajes como Gila, Carmen Sevilla o "el Cordobés"...); y finalmente, porque la exposición, y ese quizás sea su valor más importante, sabe reivindicar desde la belleza y el buen recuerdo, sin buscar ajuste de cuentas ninguno, la bonita memoria de un pasado que sigue latiendo con fuerza en muchos de los españoles que allí vivieron o nacieron y que ahora quieren compartir.
La exposición podrá visitarse, de martes a sábado, hasta el 28 de marzo.