Monumento inaugurado ayer en Ávila.
Desde ayer la ciudad de Ávila cuenta con una nueva obra de arte en sus calles, concretamente en una de sus rotondas, emplazamiento urbano que desde hace algún tiempo se ha convertido en habitual espacio expositivo para albergar las esculturas que poco a poco ‘pueblan’ y embellecen la capital abulense.
Cremallera, del escultor zaragozano Fernando Clavo, es la última escultura que se ha incorporado al catálogo de obras de arte que integran ese «museo al aire libre» en el que, como afirma el alcalde de Ávila, Miguel Ángel García Nieto, se está convirtiendo la capital abulense. Y es que con esta nueva escultura, inaugurada en la mañana de ayer e instalada en la rotonda que hay frente a la Estación de Autobuses, son ya aproximadamente una docena las esculturas que ornamentan la ciudad de Ávila.
Pero Cremallera, obra con la que el escultor zaragozano Fernando Clavo se alzó con el primer premio del Concurso de Escultura Ciudad de Ávila del año 2006, no será la última escultura que adorne la ciudad este año, ya que el Ayuntamiento de Ávila tiene previsto instalar en breve la obra ganadora en el mismo certamen municipal en su edición del 2007, realizada por el artista Santiago López, que ocupará un espacio destacado en el Jardín de Las Hervencias.
Como adelantó el alcalde de Ávila durante la inauguración de la escultura de Fernando Clavo, tanto Cremallera como la obra de Santiago López formarán parte de un folleto que incluirá «un recorrido ilustrativo en el que se recogerán todas las esculturas (tato las ganadoras del concurso municipal, como las donadas a la ciudad por distintas instituciones u organismos) que engalanan una ciudad preciosa ya de por sí», folleto que previsiblemente estará editado «en un par de meses».
sin intención simbólica. En cuanto a la escultura que desde ayer pueden contemplar tanto los abulenses como los turistas que paseen o circulen por las proximidades de la rotonda que se encuentra en las confluencias de las avenidas de Portugal y Madrid, ubicación elegida expresamente por el propio artista por considerarlo «perfecto» para albergar su trabajo, hay que destacar que se trata de una obra realizada a partir de una viga de acero cortada por la mitad y abierta por arriba, cuya altura es de 4,70 metros, a los que hay que sumar un metro más, que es lo que mide la peana en la que se encuentra situada.
Con esta obra, carente de toda intención simbólica, el artista ha querido que un objeto tan pequeño y cotidiano como puede ser una cremallera se convirtiera en una escultura, con la finalidad de que «la gente se fijará más en ellos». Una intención que sin duda cumplirá a partir de ahora esta escultura que ya forma parte de la imagen de la ciudad de Ávila.
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