A caballo o a pie aunque todos, eso sí, bien abrigados, por el intenso frío que ayer hizo en el pueblo. Nadie quiso perderse ayer en San Esteban del Valle una de las fiestas con más tradición de la comarca: el Vítor, que congregó a cerca de 1.500 personas en torno al recuerdo del martirio sufrido en Japón por San Pedro Bautista, patrón de la localidad.
Como manda la tradición, los actos arrancaron por la mañana, con la celebración de la misa solemne seguida de procesión con la imagen del Santo, con remate tradicional de banzos.
Y ya por la tarde, las campanas volvieron a llamar a los fieles que ya con la noche bien entrada fueron congregándose a lo largo del recorrido, así como en la ermita.
Desde allí partió la procesión, presidida por un impresionante silencio y por las luces de las antorchas y las velas y encabezada por la persona responsable de "echar el Vítor" que, a lomos de un caballo, portaba el estandarte con la imagen de San Pedro Bautista.
Los pañuelos rojos anudados a las cabezas de muchos de los fieles y que recuerdan la labor realizada por el Santo en tierras niponas, pusieron la nota de color en una fiesta en la que también emocionaron las décimas (combinaciones métricas de diez versos octosílabos compuestos por los vecinos) dedicadas al Santo, las únicas voces que rompieron el sobrecogedor silencio de la noche.
Y como se ha venido haciendo durante siglos, la comitiva se detuvo a la altura del pilón de la calle de La Cuesta, cerca de la ermita, donde el sacerdote impartió la tradicional bendición sobre los devotos.
Ése fue, sin duda, uno de los momentos más emocionantes (y esperado) de todos. No en vano, fue entonces cuando los jinetes de unas 45 cabalgaduras salieron a galope tendido, comenzando una velocísima ascensión por las estrechas calles del pueblo en dirección al cementerio, con el fin de recordar a los vecinos fallecidos y clavar el Vítor, o lo que es lo mismo, la imagen del Santo, un honor que sólo recae en los naturales de San Esteban del Valle. Este año, el privilegio ha sido para José María Martín, que se hizo con este honor tras pujar por 550 euros.
El sonido de los cascos de los animales y las chispas que salían de los mismos al chocar contra el asfalto volvieron a impresionar a todos los allí reunidos, que si así lo desean podrán volver a repetir esta experiencia el día 11, cuando se rememore de nuevo la llegada de los restos (la cabeza) del Santo a San Esteban del Valle aunque, eso sí, con otras décimas.
Ya el domingo, los vecinos de San Esteban del Valle están citados en una cata de vinos acompañada de pinchos, mientras que los niños participen en los juegos preparados para ellos. La jornada se cerrará con una verbena.
Además, el Vítor se celebrará el 7 y el 8 de julio. Entonces se vivirá, seguro, una jornada menos fría.