Su impresionante majestuosidad esculpe el horizonte de El Barco de Ávila y, alrededor de sus dominios, se extiende un pueblo que ha nacido con la constante del Castillo de Valdecorneja, que besa el río y corona el punto más elevado del valle.
Edificado sobre un castro vetón que fue destruido por los romanos, las obras del castillo datan del siglo XII. «Esta zona se repuebla con la familia Álvarez de Toledo, en el sigo XI, dependiendo del Señorío de Valdecorneja», afirma Agustín González, alcalde de El Barco de Ávila y anfitrión excepcional de esta expedición y a ellos se les debe la existencia de esta fortaleza.
Se trata de un castillo defensa y residencia al mismo tiempo que tiene una continuación en el monte que se eleva frente a él, llamado por los barcenses la Cuesta de las Viñas.
El castillo se fortaleció en el siglo XIV pero el paso de los siglos y la Guerra de la Independencia, acabaron con él, cuando fue bombardeado por Napoleón.
A principios del siglo XIX se vació todo el interior del castillo para ubicar allí el cementerio del municipio que cumplió con este objetivo hasta el año 1904, fecha en la que «se inaugura el cementerio nuevo, en la carretera de la Horcajada». Fue en el vaciado del castillo cuando la fachada principal del patio de armas se traslada a un edificio de la plaza. Sin embargo, esta noble edificación conserva vestigios originales que hace tres años, aproximadamente, se han consolidado. Algunos arcos góticos aún pueden contemplarse desde su primigenia concepción. «Lo demás, se convertiría en cantera para las construcciones del pueblo, porque cuando se han hecho cimientos se han encontrado dovelas y capiteles.
Hablamos de un solar de 1.700 metros, de los que 1.150 están edificados. La subida a la torre del castillo se hace dificultosa. Las primigenias y empinadas escaleras, desgastadas por el paso de los siglos y la acumulación de palomino, convierten este tramo en arriesgado, «por lo que hemos decidido tenerlo cerrado, por el momento». Sin embargo, una vez arriba la panorámica que se puede contemplar es espectacular y, sin duda, ha valido la pena el esfuerzo.
utilidad actual. El Ayuntamiento mantiene vivo el Castillo de Valdecorneja, sobre todo en verano, puesto que en los meses estivales, toda la programación cultural y el cine de verano se desarrollan en el interior de estos pétreos muros. El cine de verano, que goza de una gran acogida entre los vecinos de El Barco, mantiene vivo este edificio durante la última quincena de julio, se convierte en una gran sala natural en la que grandes y pequeños disfrutan del séptimo arte; y en agosto comienza el teatro, las actividades infantiles los conciertos al aire libre... Todas las noches de agosto, el castillo ofrece alguna actividad. También, durante el mes de julio se celebra dentro del castillo la feria de alimentos y artesanía, «en torno al recuerdo vetón». Los vecinos se disfrazan con trajes «ancestrales» y el mercado instalado entre los muros del castillo toma una singular personalidad.
Unos 14 nidos de cigüeña ofrecen una pintoresca estampa de la fortaleza, que ha servido de asentamiento también a una más que abundante colonia de zancudas.
El castillo puede ser visitado por cualquier grupo que lo solicite, «aunque hay que prevenirles de que durante el invierno, el pavimento cerámico es muy resbaladizo como consecuencia del musgo que crea». Aún así, las puertas de Valdecorneja siempre están abiertas para quien lo solicita. «El Ayuntamiento compró también el solar en el que se asienta y lo acondicionamos para el paseo», añade González. No se plantea grandes obras en el castillo en estos momentos, el alcalde de El Barco de Ávila, «tal y como está la economía de los pueblos y de las administraciones». Sin embargo, su sueño era consolidarlo y darle un aspecto exterior e interior dignos Parte de ese sueño lo ha cumplido. No en vano, todo el exterior y el solar en el que se levanta esta magnífica edificación ha sido acondicionado. «La parte que da al río se rebajó más de un metro por los escombros que tenía» y el entorno, alrededor de 500 metros, se ha hecho paseable, una zona de disfrute ciudadano y de relajo. Esos trabajos de consolidación supusieron una inversión de algo más de 200.000 euros, «en lo que es la obra», porque la adquisición de la finca supuso el desembolso de otros 800.000 euros. Para ello, el Ayuntamiento, que compró la finca, contó con la colaboración de la Diputación y la aportación de fondos europeos.
También cuenta con historias curiosas esta fortaleza y lugar de residencia del Señorío de Valdecorneja. De tal modo, Agustín González relata como bajo la construcción se haya el pozo del castillo «y una galería subterránea donde podrían refugiarse sus moradores en caso de necesidad». Cuenta el alcalde de El Barco que «se sospechaba que esa galería pasaba por debajo del río Tormes y comunicaba con la torre vigía ubicada en el prado denominado "Cubo"». Sin embargo, no parece muy verídica esta historia «porque si conocemos el río, que es roca pura, parece difícil poder imagina esa construcción subterranea».