DEVOCIÓN, ganas de fiesta y muy, pero que muy buen ambiente. Son las tres sensaciones que el visitante que ayer pasó por El Barco de Ávila se llevó de regreso a su casa en el bolsillo, porque la emoción por volver a ver en las calles de la hermosa localidad abulense al Cristo del Caño se palpaba en cada uno de sus rincones.
Miles de personas abarrotaron la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora así como las vías principales de El Barco para contemplar, un año más, el recorrido de su patrón a hombros de unos quince braceros, que hicieron todo lo posible porque nadie se quedara sin presentar sus respetos a la imagen más venerada de la localidad.
El alcalde de la localidad y presidente de la Diputación Provincial, Agustín González, no quiso faltar a una procesión en la que el calor y la música tradicional "lucharon" por llevarse el protagonismo. Y es que el sol pegó fuerte durante toda la mañana en El Barco de Ávila, aunque sin conseguir desanimar a los músicos y bailarines que con su arte dieron color a la procesión.
Se trataba de los miembros de la Banda Municipal de Música, los de la Banda de Cornetas y los del Grupo Barcense.
Todos ellos, y cada uno a su manera, cumplieron con la tradición de honrar con músico al Cristo, que hizo un alto en el camino en la plaza Mayor del pueblo para disfrutar de las jotas La Montarata y La Palomita e interpretadas con gaita y tamboril, bailadas por el Grupo Barcense, así como por las piezas interpretadas con fervor por las otras dos agrupaciones musicales.
Las banderas españolas y las mantillas colgadas de los balcones de la calle Mayor, así como de otros rincones de la localidad. Y es que todo el mundo quería recibir con sus mejores galas al Cristo de los Caños, que regresó al viernes al pueblo en la sobrecogedora procesión nocturna y que regresará a su emplazamiento habitual, una ermita junto al río Tormes, el día 14, con una nueva romería, coincidiendo con la festividad de la Exaltación de la Cruz.
A buen seguro que, ese día, el Cristo del Caño volverá a estar muy bien acompañado por todos sus devotos.