Diario de Ávila
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Cantiveros: la Cruz del Reto de Blasco Jimeno

Emilio Rodríguez Almeida - sábado, 24 de abril de 2010

En Ávila, repartidos por la geografía de la provincia, hay multitud de lugares históricos que, ya en parte perdidos en las "nieblas del pasado", pocas veces nos llaman la atención, nos hacen reflexionar o, tanto menos, nos conmueven como probablemente debieran. En la ciudad misma, por ejemplo, ¿cuándo nos acordamos del significado, de la particular colocación, de los recuerdos que nos traen sus ermitas y humilladeros (La Vera Cruz, El Resucitado o los Cuatro Postes)? Su presencia está ahí, perenne recordatorio de "cosas" casi siempre olvidadas, cuyo misterioso halo está ya impreciso alrededor de ellos y trata de musitarnos recuerdos que ya nadie alcanza, un poco como el eco, al tiempo esquivo y vívido, de esas palabras que parece que tenemos "en la punta de la lengua", pero que se niegan pertinazmente a volver a ella. A veces, los monumentos y lugares son anteriores a cualquier hecho recordable o famoso que por alguna razón se unió y fijó en ellos. Las ermitas, por ejemplo, a las salidas de nuestros pueblos, son tan anteriores a nuestra cultura cristiana que no recordamos que el lugar y la función que ocupan no son más que los de los compita (capillas) romanos de las divinidades locales o viales, verdaderos "humilladeros" paganos en que solían sus visitantes encomendarse a ellas pidiendo protección para un viaje o para dar gracias por el feliz retorno y los prósperos negocios realizados. Luego, al primitivo destino se unió otro, paralelo; luego, si para el individuo se creó un recuerdo privado que conmemorar, para la colectividad ciudadana otros hechos, otros fastos felices o trágicos cobraron cuerpo. El sitio sigue ahí, ante nuestros ojos, acumulando significado a significado y, a veces, perdiéndolo, porque el hombre, ave de paso, está demasiado ajetreado en el vivir diario como para mantener viva una memoria de cosas que, en realidad, sería memoria de sí mismo y querencia de su pasado, pero que ya no lo es.

Hace casi dos meses que, con ocasión de una visita a Fontiveros, pasé por enésima vez ante la que un tiempo llamábamos La Cruz del Pandero, junto a Cantiveros. Nombres corrompidos como éste hablan mejor que nada de nuestro olvido, de nuestra "levedad" existencial: en realidad de trata de la "Cruz del Reto de Blasco Jimeno". Me he encontrado la situación que ilustran nuestras fotografías: una plazoleta en construcción, en losetas de granito en que campea la vieja cruz de tres escalones y, a su lado, un cartel "turístico" explicativo, tan grande, casi, como la cruz misma y a su lado. Las obras, supongo, son iniciativa del Ayuntamiento y los fondos (otro tanto suponer) serán, digo yo, de la Junta regional para iniciativas locales. Éstas, ¿a quién consultan, quién las asesora y orienta? No lo sé. Sé solamente que los pocos restos de la vieja ermita (un par, al menos, de lastras funerarias de los herederos y descendientes de los Velada, semienterradas en la hierba) han desaparecido, esperemos que puestas al reparo de hurtos y vandalismos, en espera de su recolocación digna.

El padrón. El "pandero" de marras es nombre folklórico. Se refiere a la inscripción pendiente de los brazos de la cruz, en cuyo final se indica su verdadero nombre de "padrón" ("bando", pero también "perdón" o "lugar de indulgencias". En su redacción actual (una "restitución" de la antigua del s. XVI) hecha hacia 1650, leemos con conmoción lo siguiente: [Aquí] retó Blasco Jimeno, hijo de Fortín /Blasco al Rey D. Alonso el Primero/ de Aragón, porque contra su palabra/ y juramento hirvió en aceite sesenta/ cavalleros avileses que la ciudad le dio/ en rehenes, ofendido de que no le entre/gó al Rey Don Alonso el Sé(ptimo) que te/nia en guarda. Y acometido del exér/cito real murió como gran cavallero vendiendo mui cara su vida, dexando/ a los venideros memoria de su valor./Año de 1116. Quien dixere una Avemaría /por su ánima gana cuarenta días de/ perdón. El ape?..............co(mde? de) la Torre de Velada mandó re/novar este padrón en … de se(p)tiembre/ de 165..

La renovación por los Velada de esta memoria tiene su origen histórico y su relación con Blasco Jimeno en el hecho de que los renovadores (una rama de la familia ducal de Alba) pertenecía y aparece en los documentos desde el s. XIV como de la familia de los Blázquez, la misma de los Jimeno, de la misma Jimena Blázquez y Nalvillos, de Xemén (Jimeno) "Abú-Baara", el ""maldito Conde Viejo" de los cronistas árabes, y su hermano Gómez Jimeno, muertos ambos (uno en su cama y de enfermedad, el segundo; el otro, en batalla con los moros) en 1174 (fueron los últimos grandes adalides de los famosos "lobos de Ávila", terror de la morisma andaluza). Los Velada tienen sus sepulturas más antiguas en la Capilla de S. Antolín de la Catedral por concesión de su fundador, el Deán Blasco Blázquez, en 1307.

El episodio histórico. Blasco Jimeno, hermano de Nalvillos Blázquez y Alcalde de Ávila en la minoría de D. Alfonso Raimúndez (luego Alfonso VII, hijo de D. Raimundo de Borgoña y de la Infanta Doña Urraca), era el responsable de la seguridad del Infante, primer "Rey Niño de Ávila. Muerto D. Raimundo, su esposa Urraca pasa algún año después a segundas nupcias con Alfonso I el Batallador de Aragón. A pesar de sus continuas desavenencias, este matrimonio introduce en la política castellana un elemento de desestabilización, en cuanto el Batallador pretende primero la custodia del niño, heredero de su mujer al trono de Castilla. La historia narrada en breve por el "padrón" de Cantiveros es bien conocida y verídica. Las miras del Batallador se extienden no sólo a ella, sino también a León, Galicia y el entonces recién nacido Condado de Portugal. El aragonés se presenta con su ejército a las puertas de Ávila con el pretexto de un "bulo": «El Infante ha muerto, su madre es la Reina de Castilla: yo, su marido, soy el nuevo Rey legítimo». Jimeno responde que el niño está vivo y sano en Ávila. Se acuerda una "vista" para que Alfonso el Batallador compruebe la verdad, pero sin entrar en la ciudad". Se le mostrará vivo al niño desde lo alto del "cimorro", que no es el de la Catedral (puesto que su parte alta fortificada está aún a más de un siglo por venir), es solamente un ábside monumental. El "cimorro" en cuestión puede ser sólo el "mastro" o "torre del homenaje" (nombre que se le da precisamente por funciones como ésta de las "vistas" o presentaciones oficiales) del Alcázar real. Se han entregado rehenes para la visita del Rey de Aragón. Ante el fracaso de su no admisión en la ciudad, el Batallador torna a su campamento y hace ejecutar a los rehenes, emprendiendo luego su marcha hacia el Norte. La sangrienta ofensa de los rehenes provoca el episodio de Cantiveros con el final que sabemos: son asesinados a traición, contra las reglas caballerescas, Blasco Jimeno y su caballero asistente, un sobrino.

En el relato hay sólo una parte legendaria: la hervida en aceite de las cabezas de los rehenes en el real de "Las Hervencias", que habrían recibido el nombre precisamente de este episodio. En realidad una "hervencia" es una agua manantial que "hierve", "bulle". Se trata de un topónimo de la tarda latinidad bien conocido: en el mismo Palatino de Roma, a su lado N o NO, existió una fuente surgiente llamada en el s. IV, en los Catálogos Regionales de la ciudad constantiniana, aqua Cernenta ( por Ferventia, según la costumbre de la épica que no sabe distinguir los finales en -a del singular femenino de la 2ª declinación de los neutros plurales en -a de la 4ª, una declinación caída en desuso.

Las Hervencias o "lugar de manantiales" de Ávila son las hoy devastadas totalmente por las urbanizaciones, una pérdida irreparable, vergonzosa en esta ciudad histórica, que se frisa del título de "Ciudad Patrimonio de la Humanidad". ¿Qué Patrimonio, qué Humanidad? Las Hervencias bajas acogieron hacia 1519-20 el nuevo acueducto de época de Carlos V.; se han salvado apenas media docena de registros, algunos, mudéjares, el principal, con la magnífica inscripción en dísticos latinos que he tratado de restituí idealmente en mi Ávila Romana de 2003. Las Hervencias Medias y altas acogieron la ampliación de Felipe V en 1719, con unos 15 nuevos registros, todos desaparecidos, hoy; su enlace con el precedente mediante un pequeño acueducto ha desaparecido con las urbanizaciones al sur de la carretera; su registro epigráfico, que estaba al borde de la carretera de Madrid, lado Norte, hoy está bufonescamente plantado, todo de piedra nueva, en medio de una rotonda en la carretera, a 300 m de su emplazamiento original…Y así, más o menos, va todo nuestro grandilocuentemente llamado "Patrimonio de la Humanidad". Triste destino.

Pero que antes haya existido un acueducto romano con su captación en las mismas Hervencias y sus veneros no deja lugar a duda. Entre el material de cantería de época romana acumulado en la muralla se cuentan a docenas las "almas" o "cunas" graníticas para los tubos de plomo o de cerámica de aquel antiquísimo acueducto.

Aclarado el episodio legendario de "la hervida", no hay razón para no admitir como verídico el resto de la tradición que toca a la muerte violenta de Blasco Jimeno, porque de la rudeza y falta de escrúpulos del Batallador nos queda abundancia de datos documentales por lo que se refiere a sus ambiciones políticas sobre Castilla, León, Galicia y hasta el entonces nuevo condado de que surgiría luego el Reino de Portugal. Se podría, tal vez, discutir la data exacta de la muerte de Blasco Jimeno, que tal vez sea algo anterior a la fecha consignada de 1116.

el futuro del monumento del reto. Parecería una obviedad hacer constar aquí todo el respeto y la veneración que el monumento merece, tanto para Cantiveros cuanto para Ávila; pero ya demasiado descuido se ha acumulado sobre nuestra historia, ya demasiado olvidado va quedando el recuerdo de la gesta formidable de la Repoblación y sus grandes adalides, los Fortunes, los Jimenos, los Nalvillos. Si Villalar es un hito y un símbolo en la Castilla de las libertades del s. XVI, es tiempo que Cantiveros y su "Padrón" lo sean del Ávila de los Alfonsos VI, VII, VIII. No hay que olvidar que los memorialistas y cronistas antiguos nos demuestran que el sacrificio de Jimeno y el recuerdo de su heroica muerte fue ya por siglos objeto de veneración. Tanto el P. Ariz como Gonzalo de Ayora hacen mención de"EL Hito" «que agora modernamente (Ayora habla en 1519) , en tiempo de Bernal de Mata, Corregidor, hicieron poner alli», consistente en «una gran cruz de piedra en forma de Omilladero». La Crónica de la Repoblación termina la relación del episodio histórico con estas palabras: "…E después en este lugar que a él mataron pusieron por señal un canto mui alto, e dénde está oy, entre Cantiveros e Fontiveros; e después desto duró mui gran tiempo que cada año veníen los cavalleros facer allí gran fiesta en tal día como él murió, e bofordaban e alançaban e facíen grandes alegrías e daban de comer a cuantos pobres ý venían por su alma».

El monumento, por tanto, debió pasar por tres fases sucesivas. La primera fue señalar el lugar "con un canto mui alto" (tal vez poco después de episodio, en el s. XII). Luego fue colocado el monumento-cruz (colegado a una ermita preexistente o de nueva fundación), episodio de 15119 del Corregidor Bernal de Mata. Que en la cruz fuera puesto el "padrón" o narración histórica es seguro, vista la actual (de hacia 1650), puesto que se dice en ella que los Velada "lo hicieron renovar" (o sea, se debió reescribir el mismo texto). Como se ve, la memoria fue continuativa al menos hasta el s. XVI. Sólo "en nuestra desgraciada época sin memoria" se siente, con vergüenza tardía la necesidad de rememorar "mercados medievales, fiestas de las Tres Culturas" o "Rondas de las Leyendas". Muy bien, si con ello, en vez de hojarasca superflua y pacotilla histórica reverdece de verdad "la sustancia". Integrar, al menos, lo uno y lo otro en modo que dure y refuerce todo aquello que debemos recordar con orgullo.

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