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Lunes, 15 de Marzo de 2010
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Provincia

19/08/2009

Estudios

El santuario de Ulaca ¿el templo del sol?

Mariano Serna, estudioso de la época prerromana abulense, nos descubre los misterios del castro de Solosancho

Santuario de Ulaca desde el oeste

Mariano Serna. Solosancho

COMO todos sabemos en el castro de Ulaca existe un impresionante santuario rupestre al cual hacen referencia infinidad de autores pero dado que casi todos ellos se han limitado a reiterarse en las opiniones de otros, que en algunos casos ni siquiera han pisado el lugar, la verdad es que bien poco sabemos hoy acerca de él y aún algunas de las cosas que conocemos son erróneas pese a haber sido escritas por personas que han visitado el lugar. Entre los pocos que han emitido juicios sobre este monumento con la intención de proporcionar alguna luz sobre él, se encuentra Manuel Gómez-Moreno, autor del Catálogo Monumental de nuestra provincia a principios del siglo XX, cuyas opiniones veremos después. Más reciente, aunque en verdad breve, es el juicio emitido por el arqueólogo e investigador Fernando Fernández -Historia de Ávila, tomo I, Institución Gran Duque de Alba de la Diputación provincial de Ávila-, pues se limita a decir que el santuario de Ulaca «pudo estar consagrado al Sol, deidad principal de los celtas».
Otro autor que ha vertido alguna opinión sobre este santuario es el ex profesor de la Universidad de Salamanca Luis Benito del Rey quien en la obra «Santuarios rupestres prehistóricos en el centro-oeste de España» refiere, entre otras cosas, que en un cerco de piedra que rodea el altar «sobresalen dos sitiales de grandes proporciones».¡¿?! Hace tan sólo un par de años el también profesor de la Universidad de Salamanca en Ávila, Manuel Pérez, dijo, entre otras cosas, sobre este lugar, mediante una breve publicación, que las dos escaleras del altar podrían haber servido como un calendario, determinando la inclinación de la corta, el solsticio de invierno; y la de la larga, dos fechas del calendario celta, el ‘Sahaim¡, comienzo del invierno, 1 de noviembre, y el ‘Imbolc¡, nacimiento de los corderos, 20 de febrero. También afirmó Manuel que la alineación del sol al esconderse con el altar y con una roca globular situada un centenar de metros al noroeste de éste podría determinar otras dos fechas importantes del calendario celta, el ‘Beltaine’, fiesta del fuego, 10 de mayo, y el ‘Lughnasad’, recogida de la cosecha, 13 de agosto. En otro sentido, numerosos autores refieren que «el santuario se encuentra en la zona más elevada del castro y en una zona apartada de casas», lo cual es evidente y absolutamente falso.

INDICADORES SOLARES. Han sido muchas las veces que he visitado Ulaca y casi tantas las que he rondado su gran santuario pero ha sido en junio de este año cuando me apercibí de la existencia de los restos de un pequeño ventanillo de escasamente medio metro de largo practicado en lo alto del extremo más meridional de lo que fue muro este del templo y sobre todo de la inclinada talladura que éste presenta en su parte inferior. Una abertura por la cual penetran los rayos del sol en los días del solsticio de verano, a eso de las 10,30 horas de nuestro actual horario, con la inclinación que presenta la talladura, unos 40º, yendo a parar hacia el centro de la estancia interior de las dos que presenta el templo.
Haciendo cálculos pude comprobar que en los días que rondan al 21 de junio -solsticio de verano- el sol sale en Ávila hacia las 6 horas y 50 minutos por el noreste -57º-; y que se oculta por el horizonte hacia las 21 horas y 50 minutos por el noroeste -303º- y que, por tanto, el efecto referido antes se produce al cumplirse el primer cuarto del día solar, momento en que, comprobé con la brújula a través del ventanillo, el sol se encontraba exactamente en el este, es decir, sobre el punto en que aparece el sol en los equinoccios de primavera y otoño.
Otro indicador solar, con toda probabilidad, se encuentra en el ángulo oeste de la dependencia tallada en la roca, casi a ras del suelo, una amplia y redondeada escotadura, de casi un metro de longitud, que bien pudiera tener relación con la posición de la roca globular situada un centenar de metros al noroeste -aquella aludida por Manuel Pérez y que junto al altar podría determinar el punto por el que su oculta el sol en el tiempo de las fiestas del Beltaine y el Lughnasad-, pero no con la propia roca, pues las construcciones que existieron entre ella y el altar debieron impedir su visión desde éste, sino con su plano vertical pues el sol se alinea con ella, con la escotadura del ángulo oeste del templo y con el centro geográfico de éste a eso de las 20 horas y 10 minutos, esto es, cuando se cumplían, aproximadamente, las siete octavas partes del día en el solsticio de verano.
Aún cuenta el recinto del santuario, seguramente con similar función a los anteriores, con una amplia ventana del lado noreste -la que Luis Benito del Rey confundió con un trono-, situada frente al lugar por donde se produce la salida del sol en el solsticio de verano; y otra más pequeña en su esquina noroeste restos, seguramente, de los elementos destinados a medir el tiempo con los que en su día contó este santuario el cual dedicado o no al sol, sin duda, tuvo una gran relación con él.
Ahondando más en el tema, decir que el gran santuario de Ulaca contó con tres elementos básicos: un altar de sacrificios, un templo y un depósito de agua.

EL ALTAR. Dice sobre este elemento Manuel Gómez-Moreno -Catálogo Monumental de la Provincia de Ávila, tomo texto, página 21-: «Bajando hacia el norte -desde la sauna- y cerca del límite de la ciudad, hállase otro monumento análogo y extraño, que los montañeses definen como escalera del palacio de doña Urraca; quizá era simplemente un depósito de agua, más no faltará quien piense ver en ello un testimonio de cruentas ceremonias religiosas, y en verdad que la fantasía se encariña bien con soluciones tales». Ello es otro peñasco entallado como escalera de nueve gradas, que puede llamarse doble, puesto que, paralelos, corren a su izquierda otros escalones de breve peralte y arrancando a más altura del suelo. En la cima, fórmase una concavidad elipsoidal, de un metro en su mayor diámetro; a la derecha otra más en alto, redonda y de poco fondo, que vertía en una tercera, y ella a su vez tiene un canal por donde escapasen líquidos peña abajo;...». Todos reconocemos la gran competencia de Gómez-Moreno y el gran trabajo que sobre el patrimonio abulense y español desarrolló pero hoy nadie se atrevería a sostener que el santuario de Ulaca pudo ser un depósito de agua. Decir además sobre este elemento, que las escaleras, en sentido ascendente, se orientan aproximadamente al sur -160º-, en concreto hacia el Risco del Sol situado al este del pico Zapatero. Que la escalera corta, situada al este de la otra, se compone de seis huellas -plano horizontal del peldaño- y cinco contrahuellas o peraltes -parte vertical del peldaño- y que si bien los cinco peraltes son de similar elevación -unos 10 cm.- las huellas, como se aprecia a simple vista, son bien diferentes en todos yendo, aproximadamente, del cuarto al medio metro de longitud, particularidad que pone en duda la funcionalidad de la que nos hablaba Manuel Pérez pues de haber perseguido tal objetivo se habrían esmerado mucho más en ella. Significar que la huella más elevada de esta escalera, situada frente a la principal oquedad del altar y mucho mayor que las otras, constituyó la grada o sitial del altar donde se posicionaba el sacerdote que presidía el ritual. La escalera larga, más inclinada que la anterior, se compone de nueve huellas, de longitud próxima al tercio de metro; y de ocho peraltes de unos quince centímetros de altura, sensiblemente diferentes unos y otros lo cual vuelve a plantearnos la misma duda anterior sobre su posible función solar. En cuanto a su funcionalidad, por la escalera larga subiría la persona que presentaba la víctima o ésta propiamente si era humana, acompañándola quizás el sacerdote por la escalera corta hasta el lugar del sacrificio: la cavidad de mayor tamaño que corona la escalera larga, con la cabeza en la cavidad más elevada del altar para que al ser degollada la sangre que no fuese recogida en un recipiente corriese desde lo alto del altar hasta el suelo a través de las oquedades y entalladuras que presenta. Cuando se ofreciese un animal de gran tamaño el sacrificio tendría lugar, como hacían los hebreos, al pie del altar.

EL TEMPLO. Del lado este del altar, parcialmente tallado en la roca, se encuentra lo que, estrictamente, fue el templo, una dependencia cerrada y con toda probabilidad techada, a la que Gómez-Moreno hizo brevisima mención: «La escalera -se refiere al altar-, resulta dentro de un circuito de 7,80 por 6,70 m., en parte formado por cortaduras en varias peñas, y el resto se cerraría con los sillares de labor grosera que por allí están desparramados».
Es decir que como tantos otros santuarios de la antigüedad clásica el de Ulaca constaba de un altar exterior situado junto a su puerta; y de una dependencia cerrada o templo propiamente dicho, de la cual formaban parte los formidables restos tallados en la roca que hoy quedan que en algunos puntos superan los dos metros de altura, los cuales cerraban una superficie trapezoidal, alargada en sensible dirección norte sur, de unos 40 metros cuadrados, en la que se distinguen dos dependencias: una junto a lo que debió ser la puerta de acceso situada al pie del altar; y otra más interior situada en la parte sur del recinto. En relación con la referida división estructural del santuario -dos dependencias y altar exterior- significar que es igual a la de otros templos de su tiempo, en especial los de Oriente Próximo, cuyo diseño adoptó el famoso «Tabernáculo» de los hebreos que, como este de Ulaca, contaba con dos dependencias en el sentido de la profundidad: el lugar santo, donde entraban los sacerdotes a diario; y el lugar santísimo, donde accedía el sumo sacerdote, una vez al año, provisto de sangre. Además, en la puerta del Tabernáculo se encontraba el gran altar de los holocaustos frente al cual se ofrecían y sacrificaban las víctimas que luego eran quemadas, total o parcialmente, en éste: «En efecto, el cuerpo de las víctimas, cuya sangre introduce el sumo sacerdote en el santuario para el rito de la absolución de los pecados, es quemado fuera....», carta a los hebreos -13, 11-13. Ritual que, según refiere una inscripción de época romana, practicaban los lusitanos y que, con toda probabilidad, también realizarían los arevacos, carpetanos y los VETTONES de Ulaca.

EL DEPÓSITO DE AGUA. Un elemento necesario en todo gran santuario era el deposito de agua destinado al lavado de los sacerdotes, del instrumental necesario para los sacrificios, las víctimas, etc. Para tales efectos, el tabernáculo de los hebreos disponía de un gran pila de las abluciones: El Señor dijo a Moisés «Harás una pila de bronce, (...) La pondrás entre la tienda de la reunión y el altar, y la llenarás de agua, (...), Aarón y sus hijos se lavarán las manos y los pies. Se lavarán cuando entren en la tienda de la reunión y cuando se acerquen al altar para realizar sus funciones, para quemar víctimas en honor del Señor, (...)», Éxodo 30, 18-21. En relación con el ritual refiere la Biblia -Levítico 1- «Si su ofrenda es un holocausto de ganado menor, ovejas o cabras, ofrecerá un macho sin defecto. Lo inmolará al lado norte del altar, (...) Los sacerdotes derramarán la sangre en torno del al altar. Lo descuartizara, y el sacerdote dispondrá los trozos, con la cabeza y las grasas, sobre la leña colocada encima del fuego del altar. Lavará con agua las entrañas y las patas, y el sacerdote lo quemará todo sobre el altar, (...)» El agua, por tanto, era necesaria en este tipo de santuarios siendo, seguramente, esta finalidad práctica y no otra la que hizo el que se situasen en torno a fuentes, lagunas o cursos de agua.
Aunque en un principio este autor pensó en la posibilidad de que este santuario hubiese dispuesto de algún recipiente similar a la mencionada pila de las abluciones de los hebreos que hay se habría perdido, hace tan sólo unas semanas cuando visitaba el lugar en compañía de un amigo -Julio Pulido- fue precisamente éste quien se apercibió de que la especie de pozo alargado de cuatro por dos metros que, dentro de una estructura un poco más amplia, se encuentra al pie de las rocas de la parte trasera del altar, bien podía tratarse de un aljibe, del depósito sagrado de agua con que contaba el templo para satisfacer las necesidades antes referidas. Pues similar caso se da en el cerro el Castillo de Castillo de Bayuela, de donde es natural Julio, pues al pie del roquedo donde hace un par de años identificamos un altar rupestre los investigadores descubrieron un aljibe que muy probablemente estuvo relacionado con éste. Es decir, que al final don Manuel Gómez-Moreno casi acierta al decir que el lugar podía tratarse de un depósito de agua aunque, claro está, los tiros no iban por ahí.    

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