Mucho se está hablando en las últimas semanas del peaje que tenemos que soportar los abulenses para viajar a Madrid por carretera, un peaje al que no tenemos que hacer frente exclusivamente los abulenses, sino la mayor parte de las personas que acceden a la capital de España desde el noroeste de la Península, aunque en nuestro caso al coste de la AP-6 se suma el de la AP-51.
Desde la puesta en marcha de la AP-51, en el año 2002, mucha ha sido la controversia que se ha generado en esta provincia respecto a las virtudes y los defectos de esta autopista, y los beneficios y perjuicios que podía ocasionar a Ávila y su provincia. Siempre he defendido su presencia, creo que acerca a los abulenses a Madrid y también a los madrileños a nuestra provincia, y esta circunstancia me parece vital en una sociedad como la abulense que siente muy próxima la presencia madrileña, aunque debo reconocer que su construcción no habría sido posible sin la contraprestación a Iberpistas de las mejoras que pudo incluir en la concesión de la AP-6, autopista que, por otra parte, es la verdadera "gallina de los huevos de oro" de este negocio. Porque quizá los abulenses podamos optar por evitar la AP-51 empleando el trazado por la N-110 al tiempo que nos ahorramos cerca de dos euros, pero a la hora de replantearse el viaje sin utilizar la AP-6 la historia cambia, y ahí nos vemos obligados en la mayor parte de las ocasiones a hacer uso de esta autopista, y no sólo los abulenses, si no, repito, todas las personas que acceden a Madrid desde el noroeste español.
Ante el debate que se ha suscitado después de que la Cámara de Comercio de Ávila se haya mostrado dispuesta a liderar la lucha para eliminar el peaje de la AP-51, parece lógico pensar que su reversión al Estado sea una utopía, ya que se debería hacer frente a unas indemnizaciones multimillonarias a la empresa concesionaria que este país difícilmente puede asumir, y menos en este momento. Ahora bien, quizá sea el momento de que la sociedad abulense haga frente común y, amparándose en el Gobierno de España, que ahora lidera el PP, al que la concesionaria de la autopista AP-6 debe agradecer la deferencia que tuvo para poder ampliar la concesión, pueda presionar para negociar una rebaja sustancial del precio del peaje que permita a la provincia de Ávila acercarse de nuevo a Madrid. Y esa negociación no implica una reversión. Y es que si hay algo que no ha dejado de crecer en estos diez años ha sido el precio del peaje, una circunstancia que ha puesto a Ávila en clara desventaja respecto al resto de provincias limítrofes de Madrid.