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Opinión
TRIBUNA LIBRE

Tercera carta desde Ecucador

Rubén García Alonso - viernes, 13 de enero de 2012

Y A he superado el ecuador (y nunca mejor dicho) de esta experiencia, y en esta ocasión quiero escribir una carta donde se reflejen algunas de las actividades que estoy realizando acá, al otro lado del mundo, para poder compartir con todos vosotros la otra parte de esta vida, mucho menos cruda y más esperanzadora.

A los pocos días de mi llegada a la comunidad «Colonia Los Ríos» se celebró el aniversario de la fundación de la escuela donde estoy impartiendo las clases. Cada curso preparó una presentación para exponerla a los demás compañeros el día del festival: bailes tradicionales y no tan tradicionales (desde danzas indígenas hasta ritmos de reagetón de lo más sensuales), pequeñas obritas de teatro improvisadas o, incluso, algún concurso de cultura general para ver quiénes eran los que más conocimientos habían adquirido hasta el momento. En mi caso, tuve el honor y el placer de formar parte de una de las danzas indígenas que la clase de 3º de Bachillerato preparó para el evento. Estuvimos ensayando durante una semana todos los días, y fue realmente divertido compartir con los alumnos una actividad tal donde, ataviados con las ropas típicas de esta región del país (como se puede observar en la foto publicada en el periódico en papel), danzamos al son del «Caraway» de una manera bastante acompasada (la verdad es que la mayoría de los habitantes de esta zona del Ecuador tienen un ritmo innato de la más envidiable). Hay dos cosas que hago de manera bastante habitual en esta comunidad. Una de ellas es jugar a «indoor». Para el que no lo sepa es una especie de fútbol sala pero al aire libre; creo que las dimensiones del campo son muy parecidas a las del fútbol sala español, pero la pista, en vez de ser de cemento, es de arena (lodo en caso de que el día haya amanecido lluvioso, cosa que sucede bastante a menudo). Todo el que me conozca sabrá que el fútbol no me gusta, pero desde diciembre se está celebrando un campeonato inter-escolar, donde los profesores también compiten contra alumnos así que, cada viernes, tenemos que echar un partido contra el curso que corresponda. Es muy importante poder compartir con los alumnos momentos de ocio y diversión, más allá del respeto y la actitud que se debe mostrar en clase, para entablar una relación extraescolar que permita crear lazos de confianza que favorezcan el aprendizaje individual. Y realmente nos tratan como a un colega más, porque a pesar de que por el día seamos sus maestros, por la tarde nos lanzan patadas a los tobillos igual que a cualquiera de sus compañeros.

Otro de los hábitos que he adquirido en este lugar es salir a pasear todos los días (la verdad es que en España también solía hacer esto y espero conservarlo a mi regreso). Creo que no hay palabras para expresar lo que se siente al caminar entre árboles gigantescos, cuyas ramas bailan al compás del viento que los arrulla en cada momento, acompañados por el canto de los pájaros que, aunque imperceptibles, ponen banda sonora a un paraje de ensueño; los olores de las flores, de los frutos que crecen de forma salvaje, de los árboles de canela o vainilla que se erigen a ambos lados de la vía, perfuman el aire que en cada respiración se introduce dentro de mi, pudiendo incluso saborear la pureza de los elementos que lo componen. Gracias a estas salidas diarias consigo mantener el equilibrio mental y espiritual que me permite continuar en esta experiencia que, muchos días, se hace bastante cuesta arriba, consiguiendo unos momentos de soledad que ayudan a conectar con la parte más interna de mi ser que, cada día, tengo la fortuna de conocer mejor.

A finales de noviembre pude «disfrutar» de la evaluación del primer trimestre de mis nuevos alumnos. Yo también he sido estudiante y muchas veces (bueno, no tantas) he utilizado diferentes artimañas para copiar en los exámenes algún que otro punto de la lección que, por mi falta de rigor y organización a la hora de estudiar no me hubiera dado tiempo a memorizar para el día de la prueba y, en esta escuela, también conocen este tipo de métodos para conseguir unas calificaciones altas: desde escribir en los pupitres, sacar directamente el cuaderno del cajón, hasta preguntar a su compañero, de una forma descarada, y desvergonzada, por la respuesta correcta (sinceramente ha sido muy cómico el observar cómo los chicos intentaban disimular cuando les «pillabas» mirando de reojo los apuntes escondidos en el cajón o cómo se escuchaban susurros incriminatorios a mis espaldas -incluso en su dialecto quichua-).

Para finales del mes de diciembre, en todo el mundo se han celebrado las fiestas de Nochebuena y Nochevieja y aquí, en la «Colonia Los Ríos», no iba a ser menos, aunque ahora leeréis qué diferente es a como las conocemos todos nosotros. El día de Nochebuena realmente no fue un día con celebraciones extraordinarias ni eventos que escaparan de la rutina diaria en la comunidad. Se celebró el culto evangélico al que todos los sábados acuden los creyentes pero, esta vez, la mayor parte del tiempo estuvieron cantando «alabanzas al Señor» (como una especie de cánticos cristianos que realizaban de manera individual dando gracias a Dios por poder compartirlos con el resto de la comunidad cristiana). Para la cena, un plato de arroz con dos trocitos de carne y un poquito de tomate cortado en rodajas (no, no sobró nada para días posteriores). Para el día de Navidad, los agricultores salieron a cultivar el campo y las mujeres se quedaron en la casa, limpiando, cocinando y cuidando de los niños que, por suerte, no tenían que echar una mano al progenitor.

La Nochevieja fue algo realmente especial para mí. Cenamos sobre las 19:00 una rica sopa de judías, plátano verde y cebolla para, a la media hora, asistir al «culto de vigilia», una celebración evangélica caracterizada por su duración, ¡5 horas!, y por su significado: dar gracias a Dios por poder haber compartido con la familia un año lleno de cosas buenas (y no tan buenas) y pedirle que siga manteniendo esta unidad para el 2012. A pesar de encontrarme a miles de kilómetros de mi familia, me sentí muy arropado por todos los que, desde el día que llegué a Ecuador, se han convertido en una segunda familia para mí. Aquí no se comieron las 12 uvas en cada campanada del reloj de la Puerta del Sol o se lanzaron fuegos artificiales que iluminaran el firmamento. La única luz que se podía admirar en la oscura noche era la de las estrellas que nos mostraban lo pequeños que seguimos siendo, a pesar de que muchas veces se nos olvide.

Es muy complicado resumir en unas líneas todo lo que estoy viviendo durante esta etapa de mi vida, pero ésta es una ínfima pincelada que he querido haceros conocer. Espero poder seguir escribiendo estas cartas para transmitiros todas las emociones que estoy sintiendo aquí, a pesar de que el papel no sea el mejor medio para hacerlo, pero hasta que regrese a España es el único medio que poseo, además de mi correo electrónico, rugara87@hotmail.comy el blog en el que escribo las escasas veces que puedo, http://experienciaecuador.blogspot.com.

Haced muy felices a los vuestros, porque de esta manera vosotros también lo seréis.

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