El próximo mes de abril se cumplirá el trigésimo aniversario, o sea para las víctimas de la LOGSE treinta años, en que el pueblo de Arenas tributó el primer homenaje que, en tiempos de la transición pilotada por el cebrereño Adolfo Suárez, tenía como destinatario el Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil. La coyuntura era compleja porque se cuestionaban, por algunos grupos, esencias de lo que siempre había sido este organismo. Ni siquiera aquella corporación municipal se ponía de acuerdo en la oportunidad-inoportunidad del homenaje. Hubo maniobras y contramaniobras que, finalmente, pudieron superarse con no poco ingenio y gran esfuerzo. Gestiones y más gestiones en la Presidencia del Gobierno y distintos ministerios, viajes y más viajes a Madrid y, por fin, luz verde con todas las bendiciones por parte fundamentalmente del Ministerio del Interior capitaneado por Juan José Rosón.
Cinco ministros, aglutinados en torno al vicepresidente Manolo Gutiérrez Mellado, varios subsecretarios y, naturalmente, el director general de la Guardia Civil, sr. Aramburu Topete, se dieron cita en Arenas una mañana luminosa del mes de abril para participar en una parada militar en la que formaron el contingente principal los jóvenes guardias de la academia de Valdemoro. Curiosamente, como parte del resto de los guardias civiles que cuidaron toda la logística del evento, un jovencísimo cabo primero, Juan Cordero, que hoy ocupa el mando del acuartelamiento arenense como capitán del mismo. La repercusión de la singular parada fue grande, se hicieron eco todos los medios de comunicación, especialmente la televisión nacional. El nombre de Arenas se difundió por todos los rincones de España y la Guardia Civil recibió una enorme inyección de moral que sirvió para que el director general prometiera solemnemente ante las cámaras televisivas que la proyectada academia femenina de la Guardia Civil se ubicaría en Arenas.
Deuda por saldar. Aquella promesa incumplida llenó de alborozo no solo Arenas sino todo el entorno. Los beneficios previsibles de las instalaciones formativas sembraron de optimismo toda la zona. Se barajaron distintos enclaves, varios construidos y otros por construir y las gestiones avanzaban razonablemente. Una interferencia desafortunada, habría que utilizar una palabra mucho más dura, curiosamente por un arenense, sirvió como pretexto para que todo se paralizara y definitivamente despertáramos de aquel sueño. O nos despertaran porque, cuando menos, merecíamos una explicación por el responsable de la promesa que nunca recibió nuestro pueblo. No pocos seguimos pensando que este pueblo nuestro merecía otro trato que el dado por la cúpula de la Guardia Civil. Las promesas realizadas públicamente ante las cámaras de Televisión Española, sin ninguna petición previa por el máximo responsable de la Guardia Civil debieran haberse cumplido.
Pero si aquella promesa no se cumplió tampoco hemos recibido ningún otro tipo de reconocimiento. Ejemplo: el actual acuertelamiento de la Carrellana está exigiendo una nueva edificación o una nueva orientación. Hubo un industrial de Arenas que propuso construir uno nuevo, moderno naturalmente y adecuado a las exigencias actuales a cambio del solar del actual cuartel. Este periódico lo publicó y el Sr. subdelegado del Gobierno de la Nación, del PSOE, me informó personalmente de que existían una serie de gestiones, oficiales lógicamente, que resolverían el problema. Hace tiempo de esta conversación y los resultados, desconocidos. La dotación de efectivos aumenta pero el continente sigue manteniendo el mismo espacio. En fin… nunca es tarde…
Pero lo del trigésimo que en cabeza esta Esquina… quería apuntar la posibilidad de celebrar estos treinta años con un recuerdo de aquel homenaje. Estas páginas lo han propuesto antes de que se cumplieran los veinticinco, que es fecha redonda y que fue obviada por la anterior corporación. Hoy vuelve a revivir la propuesta con poca esperanza de que sirva como recordatorio, y resurrección, de aquel homenaje que generosa y desinteresadamente tributara el pueblo de Arenas a la Guardia Civil. Un cuerpo cuyos miembros siguen fieles a sus principios fundacionales pero que los mandos debieran tomar «rabos de pasa». Por aquello de la memoria, la buena memoria ¿saben…?