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lunes, 21 de mayo de 2012
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Universidad

Objetivo: carbono neutral

Beatriz Mas. Ávila - domingo, 05 de febrero de 2012

El grupo de investigación de Tecnología y cambio climático de la Universidad Católica de Ávila se embarcará en breve en un proyecto para conseguir que la universidad sea la primera de España en eliminar su huella de carbono

Todos dejamos nuestra huella en el mundo. A veces, positiva, y a veces, no tanto. Pero lo bueno es que siempre se puede trabajar por mejorar, como pretende hacer la Universidad Católica de Ávila con su grupo de trabajo "Tecnología y cambio climático", que se dedica a investigar respecto a los efectos en el cambio climático de actividades económicas vinculadas a la provincia y a la región.

Un amplio campo para estudiar aunque su labor se centra en prevenir ese cambio climático y compensarlo una vez producido.

Entre el trabajo realizado por este grupo, dirigido por Pedro Mas y formado por seis profesores de la UCAV con la ayuda de alumnos del centro, se encuentra el interesante proyecto de la huella de carbono, que es la forma más extendida de medir el cambio climático y que, en palabras simples, lo que hace es traducir en toneladas de CO2 una actividad concreta. Y lo hace sin olvidar ninguno de los parámetros que conforman esa actividad y de principio a fin.

Ya hubo un primer análisis práctico de la huella de carbono, que se aplicó al Congreso Mundial de Universidades Católicas, pero en breve se pondrá en marcha uno más ambicioso con el que se pretende que la Universidad Católica de Ávila sea la primera universidad española carbono neutral, es decir, que compense toda la contaminación que produce.

No es algo que se pueda conseguir en dos días, pero la intención de los investigadores es iniciar su labor este año y, quizá, que esté terminada para mediados de 2013.

Pero lo importante no es el tiempo sino hacer un buen trabajo. Según explica uno de los profesores del grupo, Sergio Zubelzu, la labor comienza conociendo la huella de carbono que deja la universidad y eso implica todas las actividades, desde un profesor que se traslada al centro, lo que contamina la apertura de un aula o lo que supone que un estudiante encienda el ordenador en su casa.

Todos y cada uno de los parámetros que implica la actividad que se hace en la UCAV tienen que ser medidos y, después, trasladados a toneladas de CO2 para medir de una forma tangible lo que contamina la universidad.

Pero ¿por qué hacer esto? La respuesta no puede ser más sencilla. Una vez que se sepa lo que contamina la universidad se tendrán las herramientas necesarias para compensar de alguna forma esa contaminación.

Tal y como marcó el protocolo de Kioto hay sectores que están obligados a hacer esa compensación pero otros, como haría la universidad abulense, pueden hacerlo libremente, como un gesto para eliminar su huella negativa.

Lo puede hacer de varias formas, pero una de ellas es adquirir compromisos para reducir su contaminación y, aunque es difícil saber cómo lo puede hacer a priori, una opción que se puede plantear es la sustitución de fuentes de energía, o quizá plantearse la reducción de consumos energéticos. Esta es una forma de compensar pero es imposible reducir tanto el consumo de energía o usar fuentes no contaminantes que hagan que la huella sea cero y por eso se puede recurrir a las formas de compensación también establecidas en el Protocolo de Kioto.

Una posibilidad es desarrollar proyectos que capten el CO2 que se emite, por ejemplo con un proyecto de creación de masas forestales. Esta es una posibilidad que se puede plantear la universidad pero que, de nuevo, tiene una segunda parte que es adquirir derechos de emisión.

Los países desarrollados generamos más gases de efecto invernadero de los que hay en los de en vía de desarrollo y por eso en Kioto se establecieron que los primeros pueden comprar los derechos para emitir toneladas de CO2 a esos países en desarrollo mediante proyectos concretos.

El propio Sergio Zubelzu pone un ejemplo. Si en uno país en desarrollo alguien planta un bosque, la universidad puede comprar las toneladas de CO2 que esta plantación captará y así compensar sus emisiones. Esto es lo que puede hacer que el centro universitario llegue a su objetivo: ser carbono neutral.

Sin embargo, esta labor va mucho más allá, puesto que además sirve para ayudar a ese país en concreto, con el trabajo que genera la puesta en marcha de cualquier proyecto. Por tanto un doble beneficio, preservamos las condiciones ambientales y generemos derechos sociales y económicos.

Sin duda merece la pena realizar un trabajo que ayudará al medio ambiente, a la economía y, tampoco podemos olvidar, sirve para potenciar la investigación en la universidad, un campo que puede dar muchas alegrías a cualquier centro de educación superior.

Aún habrá que conocer los resultados del proyecto, ya se pueden ver unas primeras conclusiones que trazó el alumno Juan Canelo en su trabajo sobre la huella de carbono del Congreso Mundial de Universidades Católicas.

En aquel momento ya hizo una serie de propuestas para que la universidad sea carbono neutral. Entre ellas se encontraba el desarrollo de actuaciones educativas de concienciación, formación y mejora de la biodiversidad. Además, propone medidas sencillas para reducir el impacto corporativo en el medio ambiente como apagar las luces, usar iluminación tipo Led, desconectar todos los artículos electrónicos cuando no se usen, usar menos papel facilitando la información en PDF y haciendo exámenes en el ordenador, utilizar más productos de papel reciclado, plantar árboles, utilizar el transporte público o bajar la calefacción.

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