El consejero del Tribunal de Cuentas y Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, Juan Velarde, visitó el pasado 26 de enero el Museo Adolfo Suárez y la Transición de Cebreros, donde abordó "Las tres crisis del reinado de Juan Carlos I", junto con el Premio de Economía Infanta Cristina 2009, Manuel Lagares. En esta entrevista a Ical, defiende un modelo energético para España basado en la energía nuclear, así como la subida del IRPF aplicada por el Gobierno, aunque considera que debe compaginarse con la reducción del gasto público. Para ello propone, entre otras medidas, que la sanidad vuelva a ser una competencia estatal. Asimismo, el economista considera imprescindible la reforma laboral, tomando como eje la negociación colectiva, para seguir el camino del resto de Europa.
¿Cuáles son esas tres crisis del reinado de Juan Carlos I que abordó el 26 de enero, junto a Manuel Lagares, en su conferencia?
En primer lugar, la crisis de la Transición, de la que se ocupó Manuel Lagares que la vivió directamente porque, entre otros, fue hombre clave en el Pacto de La Moncloa. A mí me corresponden las dos crisis siguientes: la que comienza con el proceso para nuestro ingreso en el euro, entre 1992-1993 y que se acentúa en el año 94; y la crisis actual, que se intuía desde 2004 y se desarrolló plenamente en el año 2007.
¿Por tanto, las crisis son económicas, no de la Monarquía?
Por supuesto. Personalmente, considero que en este momento la Monarquía española no está en crisis. Es más, creo que es un mecanismo muy necesario para la vida española, porque para que España pese en el mundo necesita un conjunto de relaciones muy especiales con el ámbito iberoamericano y allí el rey es diferente de un presidente de república. El rey de España es considerado el descendiente directo de los que construyeron la América española, y eso le confiere unas posibilidades extraordinarias. Ningún presidente de república podría haber dicho aquel «Por qué no te callas» a otro mandatario hispanoamericano y, sin embargo, ocurrió y no fue considerado como una agresión. Por eso, perder la Monarquía sería perder un activo tremendo, también respecto a la unidad de España dada la posibilidad del rey de llamar la atención a los grupos políticos cuando lo estime necesario. La Monarquía es absolutamente necesaria.
¿Cuáles fueron claves de la crisis de los 90
Como consecuencia de las políticas económicas previas a su entrada en el euro, España no cumplía una serie de condiciones importantes. Tenía una inflación, una deuda pública y un déficit exterior por encima de lo exigido; había devaluado la peseta para mantener sus exportaciones dentro del sistema monetario europeo y tenía tipos de interés altísimos para tratar de frenar la inflación. Fue una crisis muy seria con un incremento considerable de la tasa de paro, como pasa siempre con las crisis en España; una situación que parecía eliminar nuestras posibilidades de entrar en el euro, aunque no fue así.
¿Sitúa el origen de la crisis actual en el año 2004?
Nosotros empezamos a percibir que las cosas iban mal en el año 2007. Hasta ese momento, el crecimiento era grande, pero ya existían las causas de la crisis. España tenía una inflación superior a la de los otros miembros de la Unión Europea y el Banco Central Europeo había fijado unos tipos de interés muy bajos para impulsar la actividad de países como Alemania, Francia y Holanda, que se encontraban en una buena situación. La alta inflación con tipos de interés bajo originó los denominados "tipos de interés negativos", que para España significaban que lo que había que devolver era menos que lo que se recibía, por lo que proliferaron toda clase de movimientos especulativos, sobre todo en actividades inmobiliarias. Las economías domésticas y las empresas no financieras se endeudaron con las sociedades financieras españolas que a su vez conseguían créditos muy aceptables de entidades extranjeras. Este endeudamiento generado, cuando llega 2007 y se corta el crédito, da lugar a la crisis.
Ha valorado recientemente los recortes del Gobierno, ¿cree que deberían revisarse más impuestos?
Sería absurdo revisar el IVA porque, aunque aumenta de manera inmediata la recaudación, se derrumba rápidamente como ocurre ahora. Tampoco tendría sentido subir el Impuesto de Sociedades porque espantaría inversiones extranjeras y obligaría a muchas empresas del país a invertir en el exterior, por lo que se produciría la descapitalización de la economía española. La única salida que queda, aunque sea antipática, es el IRPF, como se ha hecho. Ahora bien, la subida de este impuesto debe combinarse inmediatamente con cortes tremendos en el gasto público que se encuentra en una situación alarmante. El gasto de las autonomías es el doble que el del Estado central, y el de los ayuntamientos casi se equipara con el del Estado, por lo que es tarea de todos.
La reforma laboral arranca con el "no acuerdo" entre patronal y sindicatos, ¿un mal punto de partida?
La reforma laboral es absolutamente necesaria porque España tiene un modelo muy rígido que hace que, según los cálculos realizados por los economistas, para aumentar la ocupación necesite un crecimiento mínimo del PIB del 2,5 por ciento. Hay que cambiar el sistema laboral español de arriba abajo, que, además, no se parece en nada a los sistemas laborales que hay por el mundo. Considerarlo intocable sólo porque las centrales sindicales estimen que van a perder poder es intolerable. La modificación debe centrarse en los convenios colectivos interprovinciales que en ocasiones impiden que una empresa en crisis asuma la carga laboral aprobada en el convenio, por lo que la obliga a cerrar y deja en el paro a sus obreros que estarían dispuestos a discutir con el patrono unas condiciones laborales diferentes.
¿Qué más propone?
Hay que introducir un modelo de contrato más simplificado y unido a grupos pequeños del mundo empresarial. Se debe eliminar una cantidad enorme de legislación que obliga al empresario a consultar con un elevado número de mecanismos jurídico- laborales antes de tomar una decisión. Esta rigidez origina otro efecto contemplado por los economistas, que si reducimos la tasa de desempleo, con la legislación actual, generemos inflación inmediatamente.
¿Habría que reducir las indemnizaciones por despido, como propone la patronal?
Las indemnizaciones por despido constituyen una discusión menor, no es el problema máximo. Por supuesto, si son enormes, nos encontramos con situaciones donde las empresas cierran porque son incapaces de pagarlas.
Cómo se explica la gravedad del problema del paro en España
Por la acumulación, desde comienzo de los años 30, de medidas que aparentemente protegían a los trabajadores y dificultaban enormemente una contratación ágil. Ni uno solo de los ministros de Trabajo que hubo después se atrevieron a tocarlas, muchos de ellos incluso aumentaron esa protección, y esto ha creado una situación de derecho laboral pintoresca. Por proteger, no se ha protegido y hemos llegado a un dato escalofriante: los casi cinco millones de parados.
Qué le parece el "céntimo sanitario" aprobado por la Junta para financiar la Sanidad
Lo que hay que hacer es poner fin a que cada autonomía tenga su propio sistema sanitario y devuelvan las competencias al Estado. España es un país pequeño y la sanidad debería ser única. Si el comprador del material sanitario fuera único, podría dominar el mercado y conseguir precios competitivos. Si son 19 entidades compradoras, el vendedor se siente fortalecido; se reduce a un problema de mercado. De la misma manera, podrían reducirse muchos costes y se evitaría la duplicidad de servicios. Un ejemplo: reducir las unidades de transplantes a cuatro o cinco que cubrirían sin problemas todo el territorio nacional. Este abaratamiento de gasto evitaría la aplicación de medidas como el céntimo sanitario, aunque para salir a flote del sistema actual hay que disuadir la demanda sanitaria porque cuando algo vale cero, la demanda tiende a infinito y ahí tiene sentido el céntimo sanitario. Ocurre lo mismo con el copago.
Usted ha señalado la situación estratégica de España en las comunicaciones orientales con Europa como un punto fuerte, ¿cómo se puede aprovechar esa situación estratégica?
Con una política de infraestructuras diferente a la actual. Muchos menos AVE, más trazados férreos que conecten con los europeos y más líneas para el transporte de mercancías. También, hay que aprovechar los puertos grandes del Mediterráneo: Algeciras y Valencia, como nexo con Madrid y Lisboa. El cinco por ciento de las mercancías que se transportan en España lo hacen por ferrocarril, el resto por carretera; mientras que en Alemania por tren se mueven más del 30 por ciento.
No le pregunto entonces por esos aeropuertos que han supuesto grandes inversiones y que ahora carecen de tráfico...
Eso han sido majaderías. En esas inversiones se sabía que la relación capital- producto era muy elevada, en algunos tendía a infinito porque había cero tráfico. Cuando hay mucho capital invertido y poco producto que sacar, se debe huir de ello. Moverse en esas condiciones es un disparate.
¿Qué diagnóstico hace del modelo energético español?
Se lo explico con un ejemplo. Una multinacional como es Alcoa ha disminuido a la mitad la producción en La Coruña y Avilés porque en otras plantas la energía eléctrica es mucho más barata. La energía barata es fundamental y en España sólo tenemos dos: la hidroeléctrica y la nuclear. Se ha huido en parte de la hidroeléctrica porque cambiaba el paisaje y de la nuclear por miedo, mientras países como Francia han hecho una apuesta fuerte por ella. Nosotros necesitamos importar una cantidad muy elevada de petróleo iraní y si ese tráfico se cortara, como se planteó desde Europa y Estados Unidos, supondría un caos tremendo para España.