Natalia González, intérprete de lengua de signos que apoya a escolares sordos en clase.
Alrededor de una treintena de niños y jóvenes con problemas de audición irán a los colegios e institutos públicos abulenses durante el curso escolar que está a punto de comenzar. Para ellos, acudir diaria y puntualmente a clase no es garantía de aprendizaje, ni siquiera de integración con los compañeros, con los que pueden llegar a tener serias dificultades de comunicación. Lo mismo ocurre con los profesores, cuyas explicaciones no entienden porque, simplemente, no oyen las palabras que pronuncian. Para solventar esta situación y garantizar el derecho a la educación de los chavales con discapacidad auditiva está la figura del intérprete de lengua de signos en los centros educativos, profesionales de apoyo que la Junta de Castilla y León contrata con el propósito de que «sirvan de nexo comunicativo entre el profesorado y el alumnado sordo o entre los propios escolares con el fin de facilitar la comprensión de las materias tratadas en el aula», según explican desde la Consejería de Educación.
La cifra de intérpretes de lengua de signos que desempeñan su labor en los colegios puede variar porque depende del número de alumnos con discapacidad auditiva que se matriculen cada curso. En el caso de la provincia de Ávila, serán tres los profesionales que a partir del otoño prestarán apoyo a los escolares sordos y lo harán en aquellos en los que se haya matriculado algún alumno con problemas de audición. En concreto, el colegio Santa Teresa de Ávila, el centro de educación de adultos de la capital abulense y el colegio de La Adrada, según la información facilitada a este diario por la Delegación Territorial de la Junta, cuyas fuentes señalan que el curso pasado se contó con la misma cifra de intérpretes de lengua de signos para apoyar a los escolares sordos de la provincia.
Natalia González fue uno de esos tres profesionales y confía en volver a prestar sus servicios durante el próximo curso escolar. Seguramente, esta joven nunca imaginó que volvería a clase todos los días para sentarse ante la pizarra como cuando era una niña, pero su profesión le ha devuelto a las aulas, sólo que ahora el pupitre le queda pequeño porque está diseñado para los escolares a los que ella ayuda a comunicarse y, de ese modo, «entrar en contacto con el mundo que les rodea en el cole». En las clases, la misión de Natalia es «hacer una interpretación literal de las explicaciones del profesor a través de la lengua de signos», de forma que el niño «comprenda lo que el maestro dice». Pero, además, ella suele aprovechar «los recreos y ratos fuera de clase» para reforzar el trabajo en el aula, de manera que también «adapto sus libros de texto a un vocabulario que ellos puedan entender», explica la intérprete. «Pero cada niño es distinto», confiesa, «por eso me adapto a las circunstancias de cada uno».
El curso pasado, por ejemplo, apoyó a un niño de tres años y a una adolescente de 17. «Y aunque con los niños más pequeños mi labor es aparentemente más fácil, lo cierto es que exige más dedicación porque hay que tener en cuenta que cuando empiezan a ir al cole es cuando ellos inician el aprendizaje del idioma y los niños sordos aprenden la lengua oral y la lengua de signos al mismo tiempo», apunta Natalia. En este sentido, recuerda con cariño «el enorme cambio» que experimentó su pequeño alumno del curso pasado cuando ella empezó a trabajar con él en clase: «En un mes, no solo aprendió muchísimo sino que empezó a interesarse por lo que ocurría a su alrededor, porque pasó de estar en clase sin apenas comunicarse, sin comprender al profesor ni a sus compañeros, a poder entrar en contacto con ellos a través de mí y a aprender lo que los demás niños».
En cuanto la intérprete de lengua de signos se incorporó al aula, el niño pasó de sentirse aislado a «empezar a preguntar, a interesarse por todo y, al ser en una edad tan temprana, incluso sus propios compañeros de clase acaban aprendiendo la lengua de signos al mismo tiempo que él, con lo cual la integración de ese niño es completa, algo que no siempre ocurre cuando son más mayores», subraya Natalia.
Paradójicamente, los intérpretes no acompañan a los escolares durante la totalidad del horario lectivo, pero «nuestra relación con ellos va más allá de lo profesional, nos tenemos un cariño mutuo y el vínculo con la familia también es estrecho».
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