Los abulenses no faltaron ayer a la cita con la procesión del Domingo de Ramos, que tradicionalmente marca el arranque de la Semana Santa. El sol y las agradables temperaturas contribuyeron a que los turistas y los vecinos de la ciudad compartieran el centro de Ávila para asistir a la procesión de las Palmas, popularmente conocida como La Borriquilla porque representa la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén a lomos de una borrica.
Precisamente, el emblemático paso lució ayer en todo su esplendor después de haber sido sometido a una restauración. Las cinco figuras que componen este conjunto escultórico, como la mayor parte de la comitiva que lo acompañaba, portaban las típicas palmas que dan nombre a la única procesión de Semana Santa que se desarrolla en un ambiente alegre que, sin embargo, no está reñido con la solemnidad propia de los actos religiosos.
A la creación de esa atmósfera no sólo contribuye el carácter entrañable del paso de La Borriquilla, sino también el protagonismo que los niños tienen en esta procesión desde que hace un par de años los miembros de la Juventud Antoniana desfilan en ella ataviados con túnica marrón y capa blanca. De hecho, son los propios niños los que llevan a hombros la imagen de Nuestra Señora de los Infantes. Pero la presencia infantil se vio ayer reforzada con la participación de los pequeños que forman el Coro de Voces Blancas de la Archidiócesis de Filadelfia, en los Estados Unidos, que durante esta Semana Santa se unirán al coro de varias iglesias de Ávila y que ayer recorrieron las calles de la ciudad vestidos con su uniforme negro y rojo.
A la procesión del Domingo de Ramos tampoco faltaron el presidente de la Junta de Semana Santa de Ávila, Emilio Iglesias, y los máximos representantes de cada una de las las cofradías de la ciudad, acompañados también por dos representantes de la Corporación municipal. La nota musical la puso la Banda de Cornetas y Tambores de la Oración en el Huerto, de Medina del Campo. Toda la comitiva, entre la que destacaban los colores blanco y morado de la Archicofradía de la Real Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno Medinaceli, finalizó el recorrido en el Convento de San Antonio en torno a las dos de la tarde después de recorrer la ciudad tras salir de la Catedral al mediodía.