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jueves, 09 de febrero de 2012
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Religión

Una vocación nacida en Muñogalindo

Marta Martín Gil - lunes, 15 de marzo de 2010

ANTONIO viste una camisa con chaleco y unos modernos pantalones vaqueros. Pelo corto, afeitado apurado y brillantes ojos azules. A simple vista, es un joven universitario más, como los miles que cada día recorren las calles de Salamanca, con los libros y los apuntes bajo el brazo. Pero algo distingue a Antonio, Toño para los amigos. Él, con sólo 21 años, ha elegido un camino por el que pocos circulan hoy en día, el de la vocación religiosa.

Pese a su extrema juventud, Toño demuestra una profunda madurez que se esconde, eso sí, tras el rubor de una piel clara, algo que le cuesta, por cierto, no pocas bromas por parte de sus compañeros de Seminario.

Recuerda Toño cuándo empezó a ver claro que su vida podría entrelazarse para siempre con la de Jesucristo. Fue a los 15 años, cuando se confirmó. Por aquel entonces estudiaba en el instituto Jorge de Santayana y ya asistía a algunas convivencias.

En segundo de Bachillerato, este joven de Muñogalindo empezó a frecuentar el Seminario Menor. «Ahí ya me lo empecé a plantear más en serio como un posibilidad», recuerda los primeros pasos de una vocación temprana y firme, en la que siempre se ha visto arropado por su familia. «El Señor se sirvió de mis padres en mi vocación», reflexiona antes de confesar que, en cambio, sus amigos «sí que alucinaron un poco, pero es que ellos están más alejados de la vida religiosa».

En ese caminar, Toño tuvo momentos de incertidumbre. «Con la Selectividad me asusté un poco», reconoce con tranquilidad, «de hecho, me prematriculé en Hidrología, en la Politécnica». Pero finalmente, y sintiendo que el contexto no ayudaba demasiado a su vocación («todo el mundo me decía que estudiara una carrera antes», recuerda), se lanzó a dar el paso. «Se da con miedo, pero sabiendo que es Otro el que te guía, y ahora estoy feliz», dice. Y se nota.

Se nota, por ejemplo, cuando le escuchas decir que lo más bonito de todo es «descubrir que merece la pena vivir la vida como la vivió Jesús. Seguirle, parecerse a Él, vivir como Él... «Es la clave de la felicidad», insiste.

Una felicidad que Toño encuentra, por ejemplo, en los laudes comunitarios de la mañana, preparando el desayuno a sus compañeros de Seminario o dedicando la tarde al estudio de los primeros años de Teología. «Si estudias, lo sacas», argumenta el de Muñogalindo, que lo que no cuenta, por timidez, es que concluyó sus estudios con un 9,10 en Selectividad.

¿Ve muy lejos el momento de su ordenación? «De momento sí», reconoce, «pero siento que así tendré más tiempo para formarme».

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