Tal y como estaba previsto, Caja de Ávila dio ayer el primer paso en firme para sumarse al grupo Banca Cívica, aunque aún quede mucho camino por andar y quede abierta la posibilidad de dar marcha atrás, tras acordar por unanimidad su Consejo de Administración «profundizar en el conocimiento y negociación» del mencionado proyecto interregional y, consecuentemente, facultar al presidente y al director general de la entidad «para suscribir el oportuno protocolo de intenciones al objeto de valorar después de las correspondientes negociaciones, bajo criterios de igualdad, la adopción de futuras decisiones en cuanto a la posición de la entidad en los procesos de fortalecimiento del sistema financiero».
El presidente de Caja de Ávila, Agustín González, explicó que había sido un Consejo de Administración «largo, distendido y en el que reinó el sentido común», una reunión en la cual se había hecho «un recorrido para explicar todas las opciones posibles de fortalecimiento en las que ha trabajado hasta ahora la entidad», para decidir finalmente «llegar al acuerdo de profundizar en el conocimiento de Banca Cívica» e «iniciar el camino hacia una posible integración si el Consejo viese que las condiciones son satisfactorias».
Reconoció González que «existe una buena simpatía» entre Caja de Ávila y el proyecto de Banca Cívica (promovido por Caja Navarra, al que ya se ha sumado Caja Canarias y al que es casi seguro que también lo hagan las cajas de Burgos y Segovia), además de que es «una opción muy madura y muy articulada que se enmarca muy bien en la normativa vigente», por lo que es probable «que se pueda llegar a un acuerdo razonable» en el que, aparte de las cuestiones de fondo como el reparto de responsabilidades y de las cuotas de participación, aún hay que «tratar algunos flecos» como podrían ser «el reajuste de algunas oficinas en las zonas comunes». Pero en cualquier caso, añadió, «en Caja de Ávila no sobra nadie y todo el mundo tiene su puesto de trabajo garantizado... los únicos cambios que pudiesen producirse se resolverían en cuestiones de movilidad».
Otros indicios que llevan a pensar que la integración de Caja de Ávila en Banca Cívica es ya sólo cuestión de tiempo son, además de los de contar con la "bendición" de la Junta de Castilla y León y del Banco de España, que la unión a ese proyecto permitiría a la entidad de ahorro abulense «mantener nuestra independencia, nuestra identidad, nuestra Obra Social y los empleos», que son algunos de los requisitos que fijó hace varios meses el órgano directivo de la Caja abulense para llevar a cabo cualquier negociación.
En lo que se refiere al reparto de responsabilidades y de puestos directivos, Agustín González comentó que «para esa tarea se parte de criterios objetivos y fórmulas matemáticas que atienden a las dimensiones de cada una de las cajas» y que lo que persiguen es «conseguir un grupo fuerte», que «fortalezca a sus integrantes «con sinergias exteriores» que ayuden a moverse mejor en el nuevo sistema financiero.
Una vez abierta esta puerta al diálogo, que el presidente de la entidad de ahorro abulense recalcó que «va a hacerse siempre bajo criterios de igualdad», se inicia un tiempo «que será el mínimo y el necesario» para acordar la integración o no de Caja de Ávila en el grupo Banca Cívica, decisión que habrá de tomarse «cuando contemos con todos los elementos de juicio necesarios», que corresponderá en principio al Consejo de Administración y que luego deberá ratificar la Asamblea General, periodo que no se cubrirá, como pronto, antes de dos meses y medio.