Mario Conde, durante su intervención en la Universidad de la Mística.
m. espeso / ávila
«Más que ante una crisis económica, estamos ante una crisis de valores; la forma de pensar de las personas que han dirigido las organizaciones mundiales en estos años fue el gran problema». Son palabras del economista y abogado Mario Conde, ex director de Banesto y uno de los hombres más poderosos del mundo financiero español de los años 80 y principios de los 90, pero también uno de los involucrados en el denominado ‘Caso Banesto’, al haber sido condenado a 20 años de prisión por delitos de apropiación indebida, estafa y falsedad documental. Mario Conde participó ayer en el congreso ‘De la ciencia a la mística’ que se lleva a cabo en la Universidad de la Mística para abordar lo que puede aportar la espiritualidad a la economía, sobre todo en el marco de la crisis actual.
El economista, que luce prácticamente la misma imagen que en sus mediáticos 80 y 90, aunque con el lógico paso del tiempo, explicó detenidamente a los asistentes, todos alemanes, el por qué de la crisis financiera actual y cuáles pueden ser las posibles soluciones, que pasan por «reeducar a las personas que dirigen las instituciones económicas en los valores que nos interesan a todos, y no sólo a la pequeña elite financiera». Y es que, aseguró, «esto ha pasado por una mentalidad y somos responsables todos, ya que la sociedad permitió que se instalasen esos valores».
Mario Conde, que contó con la ayuda del catedrático y codirector del congreso José Sánchez de Murillo para las traducciones al alemán, insistió en varios puntos clave para que esta crisis no se vuelva a repetir, no volver a equivocarse en el diagnóstico, desde su pensamiento de que «no nos dicen que lo que está pasando es por esto», hay que darse cuenta de que los dirigentes económicos pueden afectar a nuestras vidas y, por último, y a su juicio «lo más difícil de conseguir», hay que «conseguir que la gente recupere algo tan sencillo como el sentido de la trascendencia del ser humano, y eso es un problema de educación», apostilló. Eso implica creer en «el proyecto de una humanidad en su conjunto, no del individuo en sí mismo», y buscar «el beneficio de la sociedad, no del beneficio inmediato», además de fomentar «una sociedad socialmente eficiente, y no sólo eficiente económicamente», «colocar lo económico por delante de lo financiero» y recuperar «el dinero como un instrumento para producir bienes y servicios», y no como un bien en sí mismo.
«el mundo cambió en 1987». Mario Conde, que aseguró que hace 15 años ya avisó de que «esto podía pasar», situó el origen de esta «crisis global y del sistema» en 1987, cuando «el mundo cambió». En esa fecha «se decidió que lo importante no era tener dinero para producir bienes y servicios y un poco más, para financiar los siguientes, sino que el dinero podía ser un bien en sí mismo con independencia de la economía», un discurso que caló y ante el que nos quedamos «atónitos», aseguró. La ruptura de ese equilibrio, continuó Conde, creó «una masa de dinero que no era real más que en los apuntes de los bancos», pero que «se prestaba y se ganaba más dinero con él». Un día «el sistema dijo que eso no está ahí», que el dinero prestado no cubría el valor de los bienes, y hubo que «comprimir la economía real». Con el principio de la eficiencia el dinero pasó a ser un objeto de tráfico, lo que unido a «una visión de avaricia y corto plazo» creó algo que «sólo podía parar un desastre, enfrentarse a la realidad», dijo.