Rotonda en la Avenida de los Derechos Humanos.
La Avenida de los Derechos Humanos es una vía pública de reciente construcción, concebida como una circunvalación de la ciudad por su lado sur para desahogar al resto de la ciudad (tiene dos carriles en cada sentido, además de un carril adicional a cada lado que sirve como vía de servicio), pero recién estrenada ya deja ver en su tramo más cercano a la carretera N-403 un problema que, poco grave ahora por el poco tráfico que soporta, se incrementará severamente conforme aumente el número de vehículos que circulen por ella.
Ese notable defecto, denunciado por numerosos conductores, especialmente por los de vehículos pesados, no es otro que el de contar con un diseño para la entrada de sus dos rotondas que provoca que los dos carrilles de la avenida se conviertan en una arriesgada utopía en el momento en que el asfalto llega a cada glorieta, ya que ni circulando a 10 kilómetros por hora es posible en esos tramos ni la entrada ni la circulación en paralelo de dos automóviles.
Tal situación, explican los conductores que la conocen, obliga ahora a circular con mucha precaución antes de entrar a cada una de esas pequeñas rotondas debido a que se convierten en una «pequeña trampa», pero es de temer que se convierta en un severo peligro cuando el tráfico se incremente en esa vía, que en realidad podrá ser utilizada entre la carretera de Sonsoles y el puente de las Sanguijuelas con no más comodidad y seguridad que si fuese una vía de un único carril en cada sentido.
No es que sirva de poco o nada condenar el doble carril a sólo uno en cada una de las rotondas, muy poco distanciadas entre sí, sino que tal reducción del espacio utilizable es, afirma entre sorprendido y enfadado el conductor de un camión, una apuesta segura al «riesgo».
Aunque en las dos rotondas se hace imposible compartir la anchura entre dos coches, en la más cercana al puente de las Sanguijuelas, explicaba a este diario ese mismo conductor, la distancia que se ha dejado entre la acera y la glorieta es mayor en uno de sus lados, metros de más que ayudan bastante al mejor desenvolvimiento del tráfico.
Pasado el puente de las Sanguijuelas, en sentido norte, la circulación se normaliza sensiblemente, pero el conductor se encuentra pronto con otra sorpresa. La rotonda en cuyo interior se encuentran las ruinas de la ermita de la Virgen de las Aguas no se encuentra, como es habitual, situada en el eje de la carretera, sino desplazada hacia un lado, lo que obliga a realizar una maniobra de entrada o salida que rompe con la costumbre habitual en una glorieta y que ha provocado ya alguna ‘equivocación’ a la hora de entrar en los carriles del sentido de circulación acertados.
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